Cuando llego a casa le mando un mensaje de que estoy en casa y que no hace falta que venga a buscarme al trabajo y después me tiro toda la mañana cocinando, no es que sea una profesional en la cocina pero sé hacer algunas cosas que me abuela me enseñó. Mientras corto las patatas se me viene a la cabeza Niall. Realmente quiero pensar que lo que me dijo Lou es lo que le ocurre, pero no sé porque está tan frío conmigo cuando yo misma fui quien le dije que no me quería quedar sola y que se quedara conmigo. Más claro agua. Ahora tengo miedo de su reacción cuando lo vuelva a ver, sé perfectamente que no me va a hacer nada, pero no sé cómo actuar cuando lo vea, no sé si tengo que darle las gracias por cuidarme o darle una bofetada por dejarme sola y luego hablarme como si no nos hubiésemos visto en años. El timbre interrumpe mis pensamientos, corro hacia la puerta y literalmente me tiro a sus brazos cuando lo veo.
-¡Liam!.- Me abraza con fuerza haciéndome subir unos centímetro del suelo.
-¿Me echabas de menos?.- Me suelta riendo.
-Sabes que sí. ¿Qué tal el viaje?.- Le cojo de las mejillas.
-Algo cansado. No, Emily...- Ya sabe qué viene cuando le hago eso.
-Si sé que te gusta.- Acto seguido acerco mis labios a su mejilla y se la beso alrededor de quince veces seguidas. Cuando me separo pone cara de asco haciéndome reír.- Venga pasa.- Cojo una de sus maletas y la meto hasta el salón.
-Qué bien huele.- Sonrío.
-Lo mejor para el mejor.- Después de meter todas las maletas, ambos nos sentamos en la mesa para comer.
-Papá te manda un beso y dice que te llamará.- Asiento.- Em, ¿piensas ir a casa algún día?.- Me encojo de hombros.- Em...
-No lo sé, en Navidad supongo.
-Para lo que quedan dos meses...- Me riñe.- Papá te echa de menos.
-Yo también, Liam pero no creo que tu hermana y tu madre lo hagan.- Frunce el ceño.
-Nuestra hermana.- Corrige.- ¿Mi madre?.- ¡Mierda!.
-No, Liam, quiero decir que obviamente tu madre siempre le va a dar la razón a tu hermana.
-Ya no sois adolescentes ninguna de las dos y tenéis que saber comportaros.- Asiento.
-Intentaré ir algún de estos fines de semana.
El resto de la comida nos ponemos al día con nuestra vida y le cuento como me ha ido a mí, desde el trabajo, pasando por Niall y terminando por Ian, vamos todo el rollo ¡una pesadilla! no lo quiero contar más veces... Su veredicto final es que no le gusta ni un pelo Ian, pero tampoco le termina de convencer Niall, lo que le hace sacar la vena de hermano protector y me hace reír.
-Lo digo en serio Emily.
-Vale hahaha.
-No te rías. Él debe ser tu jefe y punto y mientras esté yo aquí no le quiero ver por aquí.- Abro la boca.
-Pues no te extrañe que aparezca.
-Pues le echas.
-Liam, pobrecito...- Enarca una ceja.
-Emily, ¿te gusta tu jefe?.- No lo sé.
-No.
-Eso espero.- Decido cambiar de tema.
-Esta tarde hay una fiesta.
-¿Dónde?.
-Aquí.- Le corto cuando va a hablar.- ¡A mí no me digas nada!. Ha sido culpa de Celia y Louis, me han enredado.- Niega con la cabeza.
-¿Por qué?.
-Para inaugurar el piso, ¡que por cierto no me has dicho nada! y por tu llegada.
-Ya lo vi en fotos, Em. Fui yo el que te lo mandé.- Ríe.
-También es verdad.
-Pero de todas maneras, lo tienes muy bonito.
A las siete ya tenemos a los pesaditos de Louis, Zayn y Celia llamando a la casa con la escusa de que vienen a preparar todo para la fiesta, que al final terminamos Zayn, Liam y yo mientras Lou y Cel se sientan en el sofá a ver la tele. ¡Tienen una cara muy dura!. Una vez terminado todo, me voy a vestir a la habitación con unos pitillos negros rasgados con una camiseta de media manga a rayas blancas y negras. No voy lo más sexy del mundo para una fiesta, pero ¡joder! estoy en mi casa y me pongo lo que me da la real gana.
-¿A cuántas personas habéis invitado?.- Pregunta Liam. ¡Temo la respuesta!.
-Pocas...- Dice Celia sin mirarnos.
-¡Os mato!.- Grito.- ¿Cuántas?.
-Tal vez...¿cuarenta?.- ¡Cuarenta!.
-No, Lou...recuerda esos últimos...ya sabes...
-Oh sí...pongamos cuarenta y ocho.
-¡Cincuenta personas en mi casa!.- Ambos niegan con la cabeza.
-Cuarenta y ocho.- Me corrigen los dos a la vez. ¡Ugh!. Quiero cogerles de la oreja a cada uno, tirarlos por la ventana y después hacer la fiesta en sus casas.
-Venga Ly no te pongas así, si lo vamos a recoger todo.
-Que sí Em, tú no te preocupes.
-¡Mira, mira!. No me habléis hasta que lleve por lo menos cuatro.- Antes de que empiece a llegar la gente yo ya me he bebido dos porque estoy de los nervios por como me van a dejar la casa y más nerviosa aún por saber a quién han invitado porque ni de coña yo tengo tantos amigos. Estos han sido capaces del primero que se hayan encontrado por la calle lo han invitado.
Un rato más tarde, con la música más alta de lo que yo creo conveniente para seguir llevándome bien con los vecinos, empieza a llegar la gente. No han llegado la mitad y ya hay gente a la que no conozco, pero según Celia son amigos suyos, por lo que supongo que ella tampoco los conoce más de una noche. No creo ni que se sepa el nombre de la mayoría, pero como ya voy algo contentilla, lo dejo pasar.
-¡Emily!. ¿Te acuerdas de Steven?.- Me pregunta Celia con un chico a su lado, que para qué negarlo es guapísimo y tiene un cuerpazo.
-Pues...no.- Celia frunce el ceño.- ¿Qué quieres que diga si no me acuerdo de él?.- Me lanza una mirada asesina. ¡Encima!.
-Perdónala Steven, cuando bebe saca su sinceridad a flote.- Intento reprimir una carcajada.
-Que conste que no estoy borracha.- En serio, no lo estoy.
-Lo que sea. Te presenté a Steven hace un par de años en una discoteca.- ¡Para acordarme!. Literalmente me muerdo la lengua para no soltar algo como: No me puedo acordar de todos los que conoces en una discoteca.
-Pues hola otra vez, Steven.- Me da un abrazo como si nos conociéramos de toda la vida y ya me cae mal.
-¿Qué tal?.- Se separa para mirarme de arriba a abajo.
-Bien, no me puedo quejar.
-Ya veo, ya.- Ahora ya me cae peor y me atrevo a decir que le odio. ¿Por qué se me tienen que pegar todos los gilipollas babosos?. Celia me sonríe y veo que se quiere alejar para dejarme sola con esa cosa, que está muy bueno sí, pero la única neurona que le queda se quiere suicidar. Así que soy más rápida y la cojo de la muñeca dejando que no se vaya de mi lado.
-Eres una pésima amiga.- La susurro entre dientes y después saco una sonrisa falsa hacia ambos.- Creo haber escuchado el timbre. Celia...¿por qué no le traes a Steven otra bebida?.- Y antes de que ninguno se pueda dar cuenta he desaparecido de allí como alma que lleva el diablo. ¡Qué mal!. No me enfado con Celia porque básicamente a lo que se dedica en las fiestas es intentar juntar a personas para que se acueste por alguna razón que afortunadamente desconozco. Voy a la cocina a por más hielos cuando encuentro a Zayn sentado en una silla. Solo. Con cara de cachorrito abandonado. Bebiendo cerveza y mirando cada diez segundos hacia Celia. Se me cae el alma, ¡no se lo merece para nada!.
-Hola.- Le susurro y me siente frente a él.
-Debes pensar que soy un soso.
-Pienso que eres genial.
-Ojalá lo pensará ella también.- La miro por la puerta de la cocina. ¡La madre que la parió!. ¡Está bailando con tres tíos a la vez!.
-¿Crees que te renta?.- ¡Joder, la sinceridad me sale por los poros!.- Quiero decir...Ella es mi mejor amiga, pero Zayn ya sabes como es, ¿de verdad quieres pasar por esto?.- Se encoge de hombros.
-Se supone que estamos juntos, así que eso debe significar que me quiere y que no va a hacer nada que pueda dañarme.
-¡Eres un moñas!. Eh, y que conste que lo digo totalmente en el buen sentido. Zayn a ella le va la marcha, que la piquen y que la reten.- Miro alrededor del salón antes de devolverle la mirada.- ¿Quieres que vuelva a ti?.- Asiente sorprendido.- Vete a bailar con esa chica que no te quita ojo.
-Emily...- Le robo su bebida, no sé qué es pero no me importa. Me levanto y le empujo fuera de la cocina.
-¡Va a salir bien!. Te lo prometo. - Rezo a todos los santos para que salga bien y salgo de la cocina cuando oigo sonar el timbre. ¡Oye más gente ya no, por favor!. Justo cuando he abierto la puerta no me da tiempo a ver quién es y uno que iba bailando me ha empujado hacia afuera haciendo que choque con la persona de afuera.- ¡Joder!.- No levanto la cabeza y ya sé quién es. Ese olor tan embriagador no lo tiene cualquiera.
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