Ambos nos miramos a los ojos durante unos instantes. Opto por bajar la vista, ¿piensa hacer algo?. ¡Porque me está poniendo de los nervios!. Vuelvo a levantar la vista y lo veo en la misma posición que hace un minuto, me mira con la misma intensidad y sigue sosteniendo la rosa de la misma manera. ¿Qué le pasa?. Finalmente suspira y me la tiende.
-¿Es para mí?.- Sonrío ilusionada. ¿A quién no le gusta que le regalen una flor?. Pero la sonrisa se me quita de un plumazo cuando sin una pizca de humor me dice.
-¿Ves a alguien más por aquí?.- Miro hacia ambos lados y sin cogerle la flor de la mano pongo mis brazos en jarras y frunciendo el ceño cual madre a su hijo le medio grito.
-¿Te costaba mucho decir sí, la vi y me acorde de ti o algo parecido?. ¡Eres un borde y un sosainas!.- Ahora es él quien frunce el ceño. ¡Ya estamos todos!. Él, su mala leche y su gesto característico y yo, mi chulería y mi legua suelta.
-¿Quieres la maldita flor o la tiro?.- ¡Ugh!. Se la cojo de un manotazo y con todo mi morro la huelo y se la devuelvo.- ¿Qué haces, Emily?.
-No la quiero.
-Ahora te la quedas.
-¿Por qué?.
-Porque es un regalo que te he hecho y quiero que te la quedes.- Se la vuelvo a coger y mientras me monto en el asiento del copiloto, le miro y le comento.
-No te soporto.
-Ni yo a tu lengua viperina así que no la saques mucho a pasear no vaya a ser que te la corte.- Cierra mi puerta y se da la vuelta para montar en su asiento.
En el camino casi me da por poner la radio a mi aire y ponerme a cantar como una histérica lo que sea que echen en la radio, pero me corto en el último segundo. Por el momento no tengo más ganas de disfrutar con él, a ver si llegamos al postres sin que le haya tirado un cuchillo entre ceja y ceja. Lo miro de reojo, ¿cómo una persona puede conducir de una manera tan sexy?. Su mano izquierda no se aparta de la palanca de cambios y la otra sujeta el volante con seguridad. Lo miro a la cara, se humedece los labios y achinando los ojos dice.
-¿Qué?.
-Nada.
-Pues deja de mirarme.
-¿Te resulta incómodo?.
-No.
-¿Te pongo nervioso?.
-Emily...
-Así que te pongo nervioso...
-Más quisieras.
-Ehhh, ¿qué es eso de tratar a tu secretaria como si fueras un adolescente?.- Me espero cualquier tipo de contestación por su parte, pero en vez de eso suelta una carcajada que hace que yo también me ría.- Me gustas más cuando te ríes.
-Te gusto poco, entonces.- Sonrío mirando hacia el cristal de mi ventana.
-Anda calla y conduce.
Cuando llegamos al restaurante me doy cuenta que es el Oxo Tower Restaurant. Un restaurante precioso a la altura del rió, todo envuelto por cristaleras desde donde se puede ver gran parte de Londres, como es de noche se pueden apreciar todas las luces y me encanta. Niall comunica que tenemos una mesa reservada a su nombre y nos acompañan a nuestra mesa que afortunadamente está justo al lado de una de las cristaleras. ¡Soy feliz!.
-¿Te gusta?.- Me pregunta cuando nos sentamos. Sonrío.
-Me encanta. Muchas veces he querido venir, pero como comprenderás mi sueldo de secretaria no me da para estos lujos.- Cojo la carta y la ojeo en un intento de poder cambiar de conversación, pero me la quita de las manos y hace que lo mire.
-Si no te importa, yo pediré por los dos. Disfruta de uno de tus pequeños lujos.- ¿Ha dicho uno?. ¿Eso significa que piensa darme más?. ¿O es que yo quiero creer que me va a dar más?. Asiento, desecho todos los pensamientos y me dejo llevar por la magia del restaurante, de Niall y de la ciudad de Londres.
En un rato empiezan a llegar platos, uno detrás de otro y yo sin cortarme un pelo como de todo. Pero Niall tampoco se queda atrás, ¿cómo puede comer así y estar tan bueno?, si es que hasta para comer es sexy.
-Una libra por tus pensamientos.- Río mientras trago y después de beber un poco de vino le contesto.
-Realmente, no los quieres saber.- Levanta las cejas con una sonrisa y sigue comiendo.
Entre plato y plato hasta que llega el postre hablamos de cosas sin mucha importancia aunque en todo momento estoy de los nervios a causa de sus miradas. ¡No para de mirarme!. Aunque por otra parte he de decir que me gusta.
-¿No echas de menos Irlanda?.- Pregunto mientras esperamos por el postre. Rezo para que no me mande a paseo.
-Irlanda es un sitio muy especial para mí.- Se me llena el alma de felicidad cuando me muestran las cosas que realmente le gustan.
-¿Hugo también es irlandés?.
-Sí. Nació allí y su madre era irlandesa.
-¿Era?.- ¡Mierda, mierda!. Eso no lo quería decir. Va a ser verdad que me va a tener que cortar la lengua.
-Sí, era. Emily, la madre de Hugo falleció cuando mi hijo tan solo tenía cinco meses de vida.- Tierra trágame...Soy consciente de que me he quedado mirando a un punto fijo como una tonta sin saber qué decir o siquiera pensar cuando el camarero trae dos postres diferentes con dos cucharitas.- Emily, ¿te encuentras bien?.- Asiento como puedo.- No era mi intención hacerte pasar por eso, pero me has preguntado tú.
-Sí, sí claro. No te preocupes estoy bien, de verdad.- Asiente serio.
Empiezo a comer mi postre y aunque no se me ha olvidado nada de lo que ha dicho, el postre está tan sumamente bueno que hace que me relaje.
-¿No piensas comer?.- Le pregunto a Niall que aún no ha comenzado el suyo.
-Prefiero verte a ti.
-¿A mí por qué?.- Se encoge de hombros. Clava su cuchara en su postre y me la acerca a la boca. Lo miro confusa.
-Pruébalo.- Abro la boca. ¡Joder, este está aún mejor!.- ¿Qué tal?.
-Está buenísimo, Niall.- Se ríe.
-He de pedirte disculpas, pensé que serías una de esas mujeres que se quitan de comer para estar perfectas.- Me echo hacia atrás en la silla.
-Créeme que me gustaría, ¿pero quién se puede resistir a esto?.- Miro su plato.- ¿Te lo vas a comer?.- Niega con la cabeza.- Bien.- Cuando lo voy a coger para comérmelo sin ningún remordimiento, me para.
-Abre la boca.- Frunzo el ceño, sé que si protesto me quedo sin postre y ¡no estoy por la labor!.
-Ogh Dios...lo que hay que hacer...- Abro la boca como me ha pedido y me va dando su postre hasta que le hago parar.- Vale, Niall voy a reventar.
-¿Vas a dejar todo esto?.
-No. Te lo vas a comer tú.- Rápidamente me limpio la boca, cojo mi cuchara y le meto un trozo de postre en la boca. Sé que no está contento con que lo haga pero ¡que se aguante!.- ¿A qué está bueno?.
-Tú si que estás bu..- No le dejo acabar la frase porque le meto otra cucharada en la boca manchándole parte de la nariz.
-Por favor señor Horan, no sea grosero.- Miro la hora. Las diez.- Vamos, límpiate nos vamos de fiesta.- Frunce el ceño, coge la servilleta y se limpia en el lado equivocado. Sin paciencia por mi parte, le cojo la servilleta de la mano y le limpio.- Ya está, vamos llama al camarero para la cuenta y vámonos.
-No vamos a ir a ningún local.
-¿No?.- Niega con la cabeza muy seguro de sí mismo.- Oh, sí. Ya te digo yo que sí.
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