Cuando llego a la oficina me encuentro con Sarah la recepcionista y con Margaret de recursos humanos en una conversación que parece de lo más interesante, decido aumentar el ritmo para llegar al ascensor pero ambas me llaman en un susurro y me acerco mirando hacia los lados como si fuésemos a cometer un crimen las tres.
-¿Qué pasa?.
-Nena, si fuera tú no subiría a tu despacho hasta dentro de un ratito.- Me dice Sarah mientras que Margaret me mira asintiendo con la cabeza.
-¿Qué ha pasado?.
-El señor.- Margaret se recrea en decir su nombre con algo de sarcasmo.- He pasado por su planta ha dejar unos documentos y tiene una montada con alguien al otro lado del teléfono.- Antes de que siga hablando me acuerdo de la bronca que tuvo hace poco más de una semana con lo que parecía ser una mujer. Días después de esa bronca, apareció su hijo. ¿La madre de Hugo tal vez?.- Pero es que ahí no acaba la cosa. ¡Estaba tirando cosas!.
-¿Lo has visto?.- Pregunto.
-No, pero lo he oído. No sé que habrá sido, pero ha estallado contra el suelo, a la guapa que la toque recoger eso se va a acordar bien de toda su familia.- Antes de que me digan algo más he corrido hasta el ascensor que para mi suerte está con las puertas abiertas. Cuando llego a la última planta y me acerco a su despacho, ahora el mío también, no se escucha nada. Pego el oído para asegurarme. Nada. Pero por otro lado sé que está ahí. Lo siento. Abro la puerta con sigilo y dejo el bolso en mi silla. No me ha visto pero sabe que estoy aquí, está de espaldas a la puerta mirando a la gran cristalera.
-¿Niall?.- Susurro cortado por el nudo de mi garganta.
-¿Quién eres?.- Dice él en un tono más bajo si cabe.
-Emily.
-Santo y seña.- Pienso por unos instantes. ¿Qué?.
-No tenemos, Niall.
-Pues inventate uno, porque lo vamos a necesitar.- ¡Me pone enferma tanto secretismo!.
-Alí babá y los cuarenta ladrones.
-Ingenioso. Siéntate.- Con más inquietud que otra cosa cojo la silla de mi escritorio, cambio el bolso de lugar y la acerco hasta estar sentada a su lado. Al principio miro a su dirección. Coches y gente de aquí para allá, pero llega un momento en que la vista va dirigida a su rostro. En ese momento quiero hacerle miles de preguntas, acercarme a él y abrazarle con todas mis fuerzas. Tiene la cara algo pálida y los ojos rojos, no me atrevo a decir si es de rabia o si ha llorado, cosa que dudo. En la mano izquierda sostiene un cerveza y lleva un traje azul oscuro con una camisa blanca, hoy sin corbata. Me tiende la cerveza.
-No bebo por las mañanas.- Asiente y le pega un trago.
-Ayer se me fue de las manos.- Las lágrimas me llegan a los ojos anunciándome que en cualquier momento, sin ningún aviso, van a salir. Miro hacia arriba y vuelvo a mirarle. Una lágrima solitaria le cae a través de la mejilla y ni siquiera hace el intento de quitarla. Estiro la mano para acariciarle el hombro, pero se aparta levemente para que no le toque.- Casi le pego. Estuve tan cerca...Si no llega a llegar Julia.- Respiro. Miro hacia la esquina del despacho. Margaret tiene razón algo había estallado. No sé realmente lo que es, pero parece una figura.
-Niall...
-Mi madre tiene razón. Debe llevarselo a Irlanda a vivir con ellos.
-¡No!.- Me mira.- Te necesita. Te quiere, Niall. Lo vi ayer en el supermercado.
-Me tiene miedo.
-No lo hace.
-Tú no le viste, me miró con la misma cara con la que me miraba su madre. Emily, solo tiene cinco años...No es justo para él.- Da otro trago a la cerveza. No logro entender nada.
-Háblame.
-Emily, Hugo tiene trastornos de personalidad.- El tiempo a mi alrededor se detiene. ¿Cómo un niño tan bueno va a padecer trastornos de personalidad?, aunque eso explicaría como se puso en el coche. Lo miro, me mira. Le quiero hacer tantas preguntas...pero no le hago ninguna, en vez de eso le cojo la cerveza que tiene en la mano y con mi tic de los dedos me la acabo de un trago. En ningún momento deja de mirarme, hasta que decido dejar la botella y sin un momento de duda me siento en su regazo y le abrazo.
-Lo siento...- Susurro con mi cara apoyada en su hombro. Pasan un par de minutos hasta que logra reaccionar y se relaja bazo mis brazos.
-Vete a casa. Hoy no me apetece hacer nada.- Ya, claro como si pudiese aunque quisiera. Me separo de él, le cojo de las muñecas para ponerle en pie, le coloco la chaqueta y lo miro.
-No. Tú vas a venir conmigo. Haz las llamadas que tengas que hacer para irte de aquí, desconecta el móvil por el resto del día y deja que te lleve a mi sitio de los malos días.- Realmente no sé cómo le convencí, pero me hizo caso y en media hora estábamos los dos en la calle mientras que le guiaba por las calles y le hablaba de cosas sin importancia como que cuando llegué por la noche, no encontré a Pepis la cobaya y después de dos horas buscando descubrí que estaba detrás de un cojín de la cama.
-¿No tiene una jaula en condiciones?.
-¡Claro que sí!. Pero, antes de irme se me olvidó cerrar la puerta.- Giró la boca en lo que creo que fue una sonrisa.
La cafetería de la Tate Modern era mi cafetería favorita, a parte del maravilloso museo, gratis a mi suerte. Los días que me siento que no sirvo subo a la última planta, me siento mirando la gran cristalera que te deja ver todo Londres junto con el río Tamesis y me hace sentir mucho mejor. Ambos pedimos un delicioso té inglés y salimos a la terraza donde nos apoyamos en la esquina de la barandilla. No está mal para estar a mediados de septiembre.
-Así que tu sitio de los malos días...- Dice mirando hacia el horizonte. Bebo té y respondo.
-Bueno, cuando era más joven era el sitio de los cotilleos con las amigas, pero luego lo convertí en mi sitio.- Asiente con los ojos entrecerrados. Me pone nerviosa no saber qué piensa.- ¿Tienes un sitio de los malos días?.- Pregunto.
-El trabajo.- Por casi escupo el té.
-¿Estás de coña?.
-¿Qué es ese vocabulario de adolescente reprimida?.- Frunzo el ceño.
-No me cambies de tema.
-Ya te lo he dicho, Emily.- Esto no puede ser.
-Vamos, acábate el té. Tenemos una tarea muy grande que hacer hoy.- Por primera vez desde que estamos aquí fuera me mira.
-¿Cuál?.
-Hay que buscarte tu sitio para los malos días.- Me mira con un gesto que nunca antes había visto. ¡Este hombre tiene gestos para todo!.
-¿No puedo usar este?.- Pongo los brazos en jarras.
-¡Claro que no!. Este es mío. Vamos.- Cuando consigo sacarle de allí andamos durante toda la mañana. Recuerdo que a Ian no le gustaba nada andar, pero Niall parece andar y andar sin importarle y eso me gusta. ¿Por qué comparo a Ian con Niall?. Niego con la cabeza y sigo caminando con Niall al lado.
Vamos a todas partes, desde The Round Pond donde según él hay demasiados patos en el lago y eso le incomoda hasta Hoxton Square porque es demasiado pijo. Cuando llegamos al Pub the George saco un cigarro, lo enciendo y me lo llevo a los labios. Niall me mira y bufa, acto seguido me coge el cigarro y lo mira.
-¡Eh, es mío!.
-¿Qué crees que haces?.
-¿Fumar?.- Digo de manera vacilante.
-Ya. Pues delante de mí no lo hagas, ¿entiendes?.
-Bueno, pero yo hago lo que quiero.
-¿Quieres morir?.- Harta del asunto, le cojo el cigarro de la mano, lo tiro al suelo y lo apago.
-¿Contento?.- Sin dejar a que responda sigo andando. A los segundos lo tengo pegado a mi lado.
-¿Dónde vamos?.
-A mi casa. De vida o muerte.- Me mira con las cejas levantadas.- Estreno manoletinas y me está haciendo una herida enorme. Mira.- Me apoyo en su antebrazo, me quito la manoletina y se la muestro.
-¿Te duele mucho?.- Me coloco y me encojo de hombros. ¡Sí, me duele horrores!.
-Ven.- Se pone de espaldas hacia mí.
-¿Qué haces?.
-Sube.
-Vamos a llamar la atención y eso a ti no te gusta.
-Sube.- Pongo los ojos en blanco y con gusto subo. A quién voy a engañar, quiero subir, uno porque estoy cansada, dos porque me muero de dolor de pies y tres porque sí. El camino pasa en silencio, pero él de vez en cuando mira hacia atrás para echarme un vistazo y vuelve la vista al frente.
-Ahora vuelvo, espera aquí. Puedes coger lo que quieras de la nevera o poner la tele.- Niega con la cabeza. Se sienta en una esquina del sofá y se dedica a mirar a su alrededor. Cuando vuelvo con otras sandalias lo veo en el mismo sitio con la misma posición.- ¿Qué pasa?.
-Nada.
-Como no dejas de mirar...
-Sólo observo.- Asiento.
-De verdad no quieres nada.- Niega.
-De hecho me voy.- ¿Qué?, ¿por qué?.- Tengo que ir a comer y creo que voy a ir a por mi hijo.
-¿No está Julia?.
-Sí está, pero quiero ir a por él.- Se pone de pie y se limpia los pantalones. Me junto a él y le toco el hombro.
-¡Muy bien!.- Ladea la cabeza. En momentos como estos parece un niño pequeño. Lo acompaño hasta la puerta, sale y cuando voy a cerrar la agarra con la mano.
-Emily.
-Dime.
-Que ya he encontrado mi lugar para los malos días.
-¿Ah sí?.- Asiente.- ¿Cuál es?.
-Tu casa.- Sin apenas poder decir una palabra me ha cogido de la cadera con amabas manos, me ha besado en los labios y ha volado escaleras abajo. Me apoyo en el marco de la puerta mirando hacia las escaleras tocándome los labios. Mierda, me ha gustado.
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Hola, bueno vengo muy rápido porque estoy que me caigo de sueño. Me hecho wattpad donde también estoy subiendo los capítulos por si os es más fácil. http://www.wattpad.com/56414371-mi-salvaci%C3%B3n
Besos xx
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