domingo, 3 de agosto de 2014

Capítulo 21.

A la mañana siguiente cuando llego a la oficina veo a Niall, pero aunque él me mira yo paso de saludarle. Si quiere que se acerque él, yo no tengo nada que decirle. Así que con las mismas me siento en mi mesa de trabajo y hago lo que debo. Mi trabajo. Estoy cansada de él, ¡se acabó!. Él es mi jefe y yo su secretaria, se acabaron los jueguecitos y las tonterías. Bastante  mal trago pasé cuando me dejaron tirada en el altar para ahora sin quererlo enamorarme de Niall. ¡Me niego en rotundo!.

-¿Lo pasaste bien anoche?.- Levanto la mirada de los papeles que tengo en la mesa. Me lo ha preguntado a mí, obviamente, pero ni siquiera es capaz de mirarme cuando me habla. Opto por seguir su ejemplo.

-Mejor que usted seguro que no, señor.- Lo miro de reojo y veo que tiene el ceño fruncido. No le gusta que en esta ocasión le trate de usted, pero me da igual.

-Acércate.

-Tengo trabajo.

-Acérquese, señorita Bell.

-No.

-Emily...

-Pero vamos a ver, ¿qué quiere?.

-Que se acerque.- Pongo los ojos en blanco. Este hombre me desquicia y lo peor es que no sé cómo lo hace que siempre consigue que le siga el juego. Me levanto de mi silla y me acerco a su mesa. Su mesa nos separa.

-Ya estoy. Como habrá observado he tenido que andar días para llegar hasta aquí.- Ironizo. Suelta una sonrisa.

-Ayer me lo pasé muy bien.- ¿Para esto me quiere?. ¿Para restregarme en la cara como lo pasó de bien con la golfa esa?.

-Pues ya sabe, llámela esta noche.

-¿Quién está hablando de Deborah?. Anoche lo pasé muy bien....contigo.- Mi corazón a mil por hora y mi tic en los dedos hacen que sepa que estoy nerviosa y emocionada por lo que me ha dicho. Me apuesto lo que sea a que ya me ha llegado el rubor a las mejillas y maldigo porque tenga este poder sobre mí. Aún maldigo más porque me guste esta sensación. Y ya no os podéis imaginar lo que maldigo cuando se levanta, se apoya en su mesa y me arrastra con él hasta quedar encajada entre sus piernas y sus brazos alrededor de la parte baja de mi espalda.

-Se te da muy bien hacer...esta cosa.- Señalo el poco espacio que queda entre nosotros. Sonríe sin quitarme la mirada de encima.- ¿Cuántas veces al día lo llevas a cabo?.

-Te invito a cenar esta noche.

-Guau, ¿mi jefe invitándome a cenar?.- Asiente.- No, gracias. Llama a Deborah.

-¿Celosa?.- Le doy un leve golpe en el pecho para alejarme de él, pero me sujeta con más fuerza.

-¿Yo?. Já. Ella fue la que se comió mis babas, ¿recuerdas?.- Suelta una carcajada echando la cabeza hacia atrás y ya no le hace falta hacer nada más para que tenga toda mi atención puesta en él. Acerca sus labios a mi oído y en un susurro me dice.

-No hicimos nada.- Susurrando también pregunto.

-¿Me lo tengo que crees?. ¿En serio me tengo que creer que jugasteis a la oca en vez de acostarte con ella?.- Se separa para mirarme y con un tono normal me dice.

-Hablamos un rato en mi despacho, ella quería más pero yo la paré. Por respeto a mi hijo y por respeto a ti.- El corazón lo tengo en la garganta, pero como a chulita no me gana nadie  ahora la que coge el mando soy yo.

-¡Qué considerado!.- Me separo dos pasos de él.- Tonto de ti.- Frunce el ceño. Ni si quiera sé porque estoy haciendo esto, por dentro estoy tan feliz de que anoche no haya hecho nada, pero aún estoy enfadada con él por todo en general.

-Esta noche cenamos.

-No.

-Sí. Cenas conmigo. A las siete y media te recojo.

-Pobre de ti, vas a ir a recogerme para nada porque no voy a ir.- Digo mientras me vuelvo a sentar en mi mesa. Pero él ya ha vuelto a su trabajo haciéndome creer que para él no existo.

A la hora de comer llego a mi casa del trabajo con la bici y no dejo de pensar en lo que me ha ocurrido. Cuando he ido a recoger la bici y le he quitado el candado he mirado hacia arriba, a las grandes cristaleras del despacho de Niall y me estaba mirando. De pie, con el gesto serio y las manos metidas en los bolsillos de sus caros pantalones negros. No me lo quito de la cabeza y resulta bastante exasperante. Después de haber comido y recogido todo, cojo a Pepis, la subo al sofá conmigo y juego con ella un rato hasta que me suena el teléfono de casa.

-Desaparecida...

-¿Desaparecida yo?.- Se ríe con una carcajada.- ¿Qué tal todo?. Te echo mucho de menos, Liam.

-Todo muy bien, pequeña. Tengo muy buenas noticias, ¿quieres saberlas?.

-¡Pues claro!.

-Me han cambiado a la sucursal de Londres.

-¿¡En serio!?. ¿Eso quiere decir que te mudas aquí?.

-Sí, en serio. El miércoles me tienes allí.- Sonrío plenamente feliz.

-Oye, ¿tienes donde quedarte?. Ya sabes, mi casa es tu casa.

-La verdad es que me vendría bien quedarme un tiempo contigo hasta que organice todo...

-No se hable más. Tú prepa...Espera un momento.- Estiro el brazo para coger mi móvil que vibra. Cuando veo quién es, solo me sale decir.- Liam, luego hablamos. Te quiero.- Dejo que vibre un buen rato, pero el tío es insistente. Finalmente lo cojo.- ¿Qué quieres pesadito?.

-Solo era para recordarte que a las siete y media estoy allí.

-Bien, pues yo te recuerdo ¡que no pienso ir!. ¡Plasta, que eres un plasta!.- Miro el reloj. Las seis menos cuarto. Va a venir, es que sé que va a venir y la vamos a tener.

-Hasta luego, Emily.- Cuelga el móvil dejándome con la palabra en la boca. Oh...Niall, te vas a arrepentir.

A las siete siete y veinte estoy más que preparada. Con el pelo suelto peinado con la raya en medio cayendo en ondas informales, una falda negra de tablas por encima de la rodilla y una blusa blanca con el maquillaje justo y unas plataformas negras que va a ser imposible que aguante con ellos toda la noche espero a que Niall llegue. Mientras que espero mando un mensaje a Celia.

Si te llamo esta noche es que estoy en la cárcel por escándalo público ;)
¿Qué vas a hacer pedazo de guarra?.

El telefonillo suena y me tardo más de lo que se tarda en llegar al portero, así para fastidiar un poquito.

-¿Sí?.

-Baja.- ¡Qué soso!.

-No, no quiero propaganda, gracias.- Reprimo una carcajada. Emily, si es que te gusta picarle luego te quejas.

-Emily baja si no quieres que suba yo.

-Ya voy hombre...¡qué poquito sentido del humor!.- Antes de guardar el movil en el pequeño bolso respondo a Alex.

Ya te contaré. Si salgo viva, claro.

Bajo las escaleras intentando no matarme con los tacones hasta llegar a la puerta de la calle. Cuando salgo, lo veo apoyado en la puerta del copiloto con unos pantalones negros pitillos y una camiseta blanca ¡madre de Dios!. ¿Por qué vamos conjuntados?. Mi pregunta me hace reír mientras me acerco a él.

-¿Qué te hace tanta gracia?.- Me hecho hacia atrás, señalo mi ropa y después la suya.

-Tú dirás.- Al darse cuenta sonríe de lado.

-Me gusta.- Ya. Y a mí también y eso es un gran problema. De repente su mano izquierda que hasta este momento estaba tras su espalda la saca y no me puedo creer lo que tiene. Parpadeo. ¡No puede ser cierto!. ¿De verdad Niall Horan me va a regalar una rosa roja?.

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