lunes, 26 de mayo de 2014
Capítulo 11.
-Siento que tengas que hacer esto. En cuanto dejes esto en casa dejo que te vayas.- Zayn me sonríe y niega con la cabeza. Podre chico, sábado por la mañana y en vez de estar haciendo sus cosas está ayudándome con la mudanza de casa porque Celia se lo ha pedido.
-No te preocupes, no me cuesta nada.- El ascensor se abre y entre los dos sacamos la nevera para meterla en la cocina de mi nuevo apartamento. Cuando la colocamos en su sitio ambos nos dirigimos al salón donde están Louis y Celia sacando las cosas de las cajas.
-Las cajas con las cosas del Innombrable las he dejado en el coche para llevarlas mañana a la ong.- Me dije Louis, quien está colocando algunos libros en el estante.
-No creo que nadie quiera eso. Yo sigo pensando que hay que quemarlo.- Interviene Celia quien se sienta con Zayn en el sofá.- Por cierto, ¿qué tal la cena de ayer?.- Mierda...
-Mmmm...bien, supongo.
-¿Supones?.
-Fue algo inesperado, la noche quiero decir. La cena acabó pronto y luego me llevó a su casa.
-¿Te lo has tirado?.
-No, Celia. Fuimos porque tenía que hacer algo.
-¿El qué?.- Jesús, ¡qué cotilla!.
-Ver si su hijo estaba bien.
-¿Qué?.- Dicen los tres a la vez. Vaya, Zayn se ha hecho rápidamente de la familia.
-Sí...Tiene un niño.
-¿Cómo?. Quiero decir, ¿por qué?.
-¿En serio Louis?.- Intenta bromear Cel.
-Lo raro es que no está casado, ni con novia. Nada. Y el niño tampoco menciona nada de ninguna madre.
-A lo mejor es huérfano.- Sólo la idea me hace enloquecer.
-No lo quiero pensar. Cambiando de tema...
-¡Sí eso!. Vamos a organizar una fiesta.- Levanta los brazos Cel.
-¿Una fiesta dónde?.- Pregunta Louis.
-¿Para qué?.- Pregunto. Siento que me la va a liar y muy gorda, además.
-Aquí, para inaugurar tu nuevo apartamento. Ya sabes bebida y buena música.- Mira a los chicos que sonríen asintiendo.
-¡Ni de coña!.- Protesto.- Nadie va a entrar a destrozarme el piso. Vamos, es que me niego rotundamente.
-¿Por favor?. Te prometo que yo la organizo y yo la recojo.- Suplica la morena con cara de pena. Me quedo un instante callada.
-...Celia, como rompan algo, te juro que...- Antes de haber terminado se me ha tirado encima para abrazarme.
-Te prometo que no haremos nada malo.
-Además, Ly, sabemos comportarnos, ya hemos pasado la adolescencia.
-Pues no lo parece.- Digo haciéndoles reír.
Por la tarde, después de haber comido los cuatro en la mesa baja del salón comida china pedida a domicilio se fueron cada uno a su casa, o bueno, realmente creo que fueron a preparar las cosas para el viernes. Mientras que mi tarde de sábado se resume a sacar cosas de las cajas y colocarlas, ¡yuhu!.
Sobre las ocho cuando estoy sentada con el ordenador viendo el correo, me suena el móvil. Sin saber de quién es el número, respondo.
-¿Hola?.
-Emily, soy Niall.- ¿Qué?.
-Oh...eh...sí...Nial..., ¿necesitas algo?.- No, Emily, te ha llamado para saber la hora, ¡no te jode!.
-Va a sonar egoísta, pero, ¿te importaría quedarte con Hugo durante unas horas?.- Vale, de todas las cosas que un jefe le puede pedir a su secretaria y tenía que pedir eso. Quiero decir que no.
-Si digo que no, ¿lo dejarás solo?.
-No me queda otra, Emily.
-¿Es algo del trabajo?. Escucha, tal vez puedo ayudarte y...
-No. No es nada de eso.- Su voz al otro lado de la línea suena casi más intensa que normalmente.- Tengo una cita.- ¿Qué narices me estás contando?.
-¿Vas a dejar solo a tu hijo por una estúpida cita?.
-No, lo voy a dejar contigo.
-¿En qué momento te he dicho que sí?.
-Sé que vas a decir que sí, Emily. Tú no eres como yo. Dejar solo a un niño de cuatro años te comería la conciencia.
-Eres un cabrón insensible.- Suelta una carcajada al otro lado del teléfono.
-Mi cita espera y me gusta ser puntual...
-Tráelo a la dirección que te voy a mandar.- Cuando finalmente cuelgo me pongo a llorar como una niña. Ni siquiera sé por qué lo hago, supongo que es de la impotencia. ¿Cómo es capaz de hacer algo así?. ¡No me entra en la cabeza!. Si a una persona adulta como lo soy yo me destrozaron la vida cuando me abandonaron en el altar, no me quiero pensar como se debe sentir el niño cuando su padre le abandona con alguien que ha visto una vez en su vida.
Media hora después abro la puerta donde están Niall y su hijo. Este último con cara de pocos amigos, yo también lo estaría.
-Hola, Hugo. Pasa.- Me hago a un lado para que entre y cuando Niall va a entrar me vuelvo a poner en el centro de la puerta impidiendo su paso.- No hagas esperar a tu cita, señor Horan.
-Como me dijiste la otra vez, cuídalo.- Ugh...
-Mejor que tú, machote. Adiós.- Sin decir nada más le cierro la puerta y suspiro. La que me espera es buena. Voy al salón donde veo a Hugo sentado en el sofá con uno de sus cuentos.- ¿Qué tal?.- Levanta la cabeza de su cuento y se encoge de hombros. Nadie diría que tiene cuatro años, parece que tiene la edad de su padre.- ¿Has cenado?.- Niega con la cabeza.- ¿Quieres cenar?. Podemos ir a algún sitio que te guste.
-Mi papá ha dicho que no moleste.- Mierda. Me siento a su lado y le quito el cuanto delicadamente.
-Creo que deberíamos divertirnos un rato. Podemos ir a comer una pizza y luego ver una peli.
-Si te apetece...- ¿Qué problema tiene esta familia?.
-¿A ti no?.
-A mi padre no le parecería bien.
-Pero tu padre no está. Puede ser nuestro secreto.
-¿Trato?.- Aquí vuelve el niño de cuatro años.
-Trato, venga, nos vamos.
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Lo sé matarme, he tardado siglos en subir y encima el capítulo en un peñazo pero ahora mismo no puedo hacer más estoy ahogada con las clases, exámenes y academias. Bachillerato es muy duro...
Voy a intentar hacer un experimento ya que la semana que viene no tengo exámenes. Si hay dos comentarios y seis votos, el sábado subiré otro capítulo.
Gracias y un beso :)
martes, 13 de mayo de 2014
Capítulo 10.
Parpadeo varias veces en el sitio. Vale, esto no puede estar pasando. O sí, pero puede ser que él no viva solo aquí y el niño sea su sobrino o yo que sé, su primo.
-¿Y mi papá?.- Me vuelvo a sobresaltar. Joder, ¿por qué me habla?. ¡No quiero que me hable!.- Tengo miedo.- Me susurra. Te entiendo, me siento del mismo modo. A ver, tranquilidad, soy la mayor en esta situación y por lo tanto tengo que tomar el control. Me siento a su lado manteniendo las distancias.
-¿Tu papá es Niall?.- Asiente. ¡Pues claro imbécil!. ¿Cómo no van a ser padre e hijo si son más que parecidos?. Tienen los mismos ojos azules y la piel clara, excepto que el pequeño tiene el pelo algo más oscuro.- Vale...ehm...no tengas miedo, ¿vale?. Yo soy Emily.- Sonrío dejando de lado el miedo. Jolín, pobrecito, he sido una estúpida.
-Vale.- Susurra.- Yo soy...
-¡Hugo!.- Ambos pegamos un brinco. ¿Por qué siempre tiene que aparecer de ese modo?. El niño se pone rígido.
-Papá yo...
-¿Tú qué Hugo?. Tú no estás en la cama a la hora que se te dijo.- Le habla como el niño tuviera quince años y puedo suponer que no supera los seis años.
-Tengo miedo. Julia no estaba y yo...
-Tú nada, a la cama. Ya.- Oh...Me da una pena que no puedo remediarlo.
-Niall...
-No ahora.- Me señala con una mirada fría.
-Sí. Niall, está aterrorizado, no sé lo que ha pasado, pero, ¡míralo!.- Ambos lo miramos, está de pie frente a las escaleras, temblando y llorando en silencio.
-El miedo no sirve para nada. Con el miedo no va a ir a ninguna parte.- Le lanzo una mirada furiosa, es que..., es que...¡qué fuerte me parece!.
-Él no lo entiende.- Me acerco al pequeño y me pongo a su altura.- ¿Me enseñas tu habitación?.- Mira a su padre y a mí respectivamente. Coge mi mano y me conduce por las escaleras a su habitación, ¡tiene un montón de cosas!. Juguetes por todas partes, una cama en forma de coche y lo que más llama mi atención es que tiene un montón de cuentos. -Hugo, ¿te gustan los cuentos?.- Asiente sonriendo. En serio, ¡es guapísimo!.- ¿Hacemos un trato?.
-Bueno, vale.
-Tú te acuestas en la cama, elegimos un cuento y yo lo leo, ¿quieres?.
-¡Sí!.- Después de haber elegido el cuento de Hércules, Hugo se tumba y me escucha atentamente hasta que vuelve a caer dormido. Salgo de la habitación y bajo al salón donde me encuentro a Niall sentado en uno de los sillones blancos.
-Yo...debería irme.- Sin mirarme me pregunta.
-¿Por qué lo has hecho?.
-¿El qué?.
-Ir con él.- No sé exactamente que responder.
-Alguien debía calmarlo.- Asiente.
-Crees que soy un mal padre.- Sí.
-Ser padre no es fácil.- Necesito escapar.- Me voy.
-Claro, tienes un novio al que prestar atención.
-Niall, aquel chico que viste se llama Liam y no es mi novio, es mi hermano.
-¿Tu hermano?.- Asiento.
-Mi hermanastro para ser más exacto. Bueno, no somos nada de sangre, él tiene sus padres y yo los míos, pero mi padre ha ejercido del suyo desde hace mucho tiempo.
-Entiendo.- Miro el reloj. Las once y media y yo sin cenar con el hambre que tengo.- ¿Tienes prisa por irte?.
-No exactamente, el problema es que tengo un hambre de muertos.- Digo algo avergonzada.
-Ven, podemos solucionar eso.- Hace que me siente en la barra de la cocina y saca comida de la nevera.- No soy un gran cocinero, pero Julia lo es.- Recuerdo haber escuchado ese nombre antes.
-Julia debe ser una madre y una esposa maravillosa.- Me tiende el plato y se sienta frente a mí en la barra.
-No lo sé, no es mi mujer, ni la madre de Hugo.- Oh...- Ella me ayuda con la casa y con mi hijo.- Realmente no sé que lleva la cena, pero está deliciosa.- Yo no suelo estar mucho con Hugo.
-Bueno, puedes dedicarle las noches.- Niega con la cabeza.
-La mayor parte del tiempo lo pasa con mis padres en Irlanda.- Realmente eso no me gusta.- Es lo mejor para él.
-Lo mejor para un niño es estar con sus padres.- No debería haber dicho eso. No soy quien para meterme, pero por otro lado si me lo está contando es porque quiere saber mi opinión, ¿no?.
-No esperaba que descubrieras esto de esta forma.- Sigue hablando de la misma forma seria, pero cuando habla de su hijo le puedo notar algo triste, o más bien defraudado de sí mismo. Dejando el plato a un lado y limpiándome con la servilleta me acerco a él y susurro.
-Niall, tu hijo es maravilloso, no tienes porqué esconderlo, ni avergonzarte de él.- Ladea la cabeza confundido. Se vuelve tan débil por momentos, que ahora quien parece el niño es él.- ¿Lo has mirado bien?. ¡Es guapísimo!. Y muy listo, para tan solo tener...
-La semana que viene hace los cinco años y no sé si voy a poder pasarlo con él.
-¿Qué?. ¿Por qué?.
-Porque seguramente que tenga mucho trabajo y no puedo estar haciendo ese tipo de cosas estúpidas de fiestas de niños. Además no lo veo necesario, no creo que...- Sin pensar mucho en lo que hago me pongo detrás de la banqueta en la que está sentado, le paso un brazo por los hombros y apoyo mi cara en el hueco del cuello.
-Cállate, yo me ocupo.- Creí que me iba a recriminar que qué estaba haciendo pero en vez de eso, gira la cabeza y me da un beso en la sien.
-Gracias.- Me separo de él lentamente.
-Me voy.
-¿Quieres que te lleve?.- Frunzo el ceño.
-No puedes dejar a un niño de cuatro años solo en casa, Niall. Pueden pasar cosas peligrosas. Y lo peor, cuando un niño es miedoso y lo dejas solo, parece que lo huele.- Asiente.- Ya nos veremos.- Me acerco a la puerta de entrada.- Cuídate y...cuídalo.
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Hola, esta semana no os podéis quejar, me he puesto rápido a escribir. Tal vez no sea de lo mejor, pero quería compensaros todo el tiempo que no he escrito.
Bueno, ¿os ha sorprendido que Niall sea papá?, y lo más importante, ¿os ha gustado o decepcionado?. Si pudierais contestarme tanto por aquí como por Twitter sería genial para poder seguir evolucionando con la novela.
Muchas gracias y un beso xx
@hereperfect1D
domingo, 11 de mayo de 2014
Capítulo 9.
-¿Necesitas ayuda con eso?.- Le pregunto al chico más joven que lucha con una de las pata. Para ser jefe, no se da muy buena maña. -¿Sabes?.- Cojo la pinza y me acerco a su plato cogiendo la pata. Con un solo movimiento está hecho. -Mi padre me enseñó hace muchos años.- Aunque no me vaya a servir para nada, porque no lo pienso comer. El chico me sonríe y continúa con su cena. Pero que poca educación...
-Me llamo Emily, por cierto.- Niall a mi otro lado me corta mi maravillosa conversación.
-Come y calla.- Lo miro, se ha quitado la chaqueta y se ha dado un par de vueltas a las mangas de la camisa. Él si que sabe como preparar el marisco y lo hace de una forma hasta sexy.
-No pienso comer esto.- Frunce el ceño.- No puedo, es superior a mí. No me gusta, me da asco.- Me mira con una mirada graciosa. Esta vez soy yo la que frunzo el ceño.- ¿Van a traer algo más después de esto?.
-Van a traer solomillo.- Sonrío.
-A eso me apunto.- Por una única vez en mi vida lo hago sonreír. El otro chico me vuelve a hablar.
-Me llamo Sam.- Miro de reojo a Niall quien frunce el ceño. Decido ir un poco más allá con el asunto.
-¿Trabajas en Londres?.- Pregunto sonriendo.
-No, ahora estoy en San Francisco, pero he venido unos días aquí. Cuando quieras, estás invitada a San Francisco.- Niall bebe vino.
-Seguro que es un lugar maravilloso.
-Basta.- Replica Niall sin mirarme. Estás que sí, machote.
-Pues a lo mejor me paso es verano.- Me dirijo a Sam.
-Te puedo hacer de guía.- Niall se levanta de un golpe ante la mirada de toda la mesa y se aleja con paso firme.
Acto seguido nos sirven el solomillo, esto sí que sí. Corto un trozo y me lo llevo a la boca , ¡qué delicia!. Impaciente, corto otro trozo y justo cuando lo llevo a mi boca, Niall detrás de mí me quita el tenedor con la carne pinchada y me coge del antebrazo haciendo que me levante-
-¡Eh!. ¿Qué cojo...
-Aquí no, Emily.- Me lo dice con tal enfurecimiento que aunque quiero seguir protestando las palabras no me salen. Me lleva agarrada hasta meterme en el coche. Estoy enfadada, irritada, molesta y furiosa y el jodido tic vuelve a aparecer. Niall se monta y arranca el coche. Llevo las manos a la guantera y hago ruido en ella con mis dedos temblorosos.
-¿Puedes dejar de hacer eso?.
-No.- Llevo las manos a las piernas. ¡Por favor para ya!.
-¡Vale ya, Emily!.- Lo miro enfurecida.
-¡No puedo, joder!.
-Esto no es una broma.
-¡Claro que no es una broma, tengo un jodido tic!.- Inmediatamente se calla y se relaja. Pero yo no he terminado.- ¿Quién te crees?.
-Tu jefe.
-No tenías derecho a hacer eso, ¿entiendes?.
-Relájate, eres una histérica.- Esto es alucinante.
-Tú no. Tú eres la persona más respetuosa y educada que jamás he conocido. Yo no tengo por qué aguantar esto, Horan. No confundas secretaria con esclava.- Abre los ojos de par en par y aprieta sus manos en el volante. Tú te pones nervioso y a mí se me para el tic. Bien...muy bien.
-Muy bien. Yo no tengo que aguantar como ligas. Básicamente no lo soporto.
-Yo con mi vida hago lo que quiero, ¡sólo faltaba!.
-Mira Emily, no voy a discutir contigo. Saldrías perdiendo.- Eso me enfurece aún más.
-No me conoces lo más mínimo.- Chasquea la lengua. No sé qué significa eso, pero estoy rabiosa cual perro. Niall para el coche, hemos llegado a donde sea que tenga que ir. Ambos bajamos del coche y sin decir nada le sigo por la acera hasta llegar a una gran casa.
-Vas a pasar, pero no vas a hacer ni el más mínimo ruido. ¿Entendido?.- Asiento con la cabeza. ¿Por qué soy tan sumisa cuando me habla de ese modo?. ¡Ugh!.
Cuando entramos a su casa lo primero con lo que nos topamos es una gran entrada. Toda la casa está en tonos muy claros, tiene una gran barra en la cocina que comunica con el salón y de la parte de atrás del salón sale una gran escalera que conducen a lo que supongo que serán las habitaciones y el baño o los baños.
-Espera aquí, ahora vuelvo para llevarte a casa.- Niall desaparece por las escaleras. Me paseo por el salón, tiene buen gusto para decorar, aunque ahora está un poco oscuro por el cielo oscuro de la noche. Me paro en ver algunos libros y cuando estoy ojeando uno de ellos. Algo pequeño se mueve en el sofá, se frota los ojos y se sienta.
-¿Papá?.
sábado, 3 de mayo de 2014
Capítulo 8.
En el coche hay música pues en un tono muy bajo. No sé distinguir qué es exactamente, pero me recuerda bastante a una de las películas del Señor de los Anillos cuando los Hobbits hacen la fiesta.
-Es música típica irlandesa.- Me dice sin esperarlo. Oh...
-Ejem...¿usted...?.
-Soy irlandés, sí.- Asiento.- Oiga, le parece si esta noche dejamos de lado el usted.- ¡No puede ser cierto!.
-Claro, me encantaría.
-Bien. Tenemos que salir de la cena a las once. tengo otra cita muy importante.- Sin saber siquiera el porqué quiero preguntarle con quién irá y por qué irá.
-¿Me dejarás en casa?.
-Sí, a no ser de que quieras acompañarme.- Sonrío levemente y no respondo. No sé qué responder. Cambio de tema inmediatamente.
-No llevamos un regalo para el señor ese.- Sonríe.
-Ese señor es nuestro jefe. Se llama Alfred Walker. En cuanto al regalo, no quiere regalos de sus empleados.- Me mira de reojo y vuelve la vista a la carretera.- Es un hombre muy especial. Para él nosotros somos...
-¿Basura?.- Asiente levemente.
-Más o menos. Déjame a mí.- Ya me cae mal el tal Walker ese. Mi madre siempre me enseñó a que todos somos iguales, me lo marcó tanto a fuego que creo que tengo una obsesión con
las injusticias.
Cuando llegamos un hombre nos abre la puerta, Niall le deja sus llaves, el hombre se monta y se lleva el coche. Subimos unas enormes escaleras, encima son un montón y los tacones ya me están matando. ¡Necesito mi zapato plano!. Cuando llevamos menos de la mitad de las escaleras subidas, el tobillo el tobillos se me desequilibra y no me dejo los dientes en el escalón de milagro. Niall se acerca a mí y hace que enrolle mi brazo en el suyo.
-¿Demasiado para ti?.
-No me suelo subir mucho al taconazo, la verdad.
-Mira al frente y no pienses en ellos. Piensa que arriba habrá buena música y todo tipo de canapés junto con champán.- Hago lo que me dice.
-Vale, creo que ha funcionado.- Digo cuando al fin hemos dejado atrás las escaleras. Hay un patio enorme con estatuas antiguas, decorado con todo tipo de flores y alumbrado con farolillos. Al principio del patio solo hay gente hablando y camareros de aquí para allá con bandejas y más allá están las mesas donde supongo que se servirá la cena.
-Disfruta, es gratis.- ¿Se cree que no tengo dinero?. Pero en realidad, que sea gratis y pueda comer lo que quiera es un alivio.- Si te gustan esas horribles galletas oreos, te fascinará esto.
-¿Por qué parece que me conoces tanto, Horan?.- Sonríe de lado. Antes de contestar coge dos copas de champán y me pasa una.
-Porque eres como un libro abierto, Emily.- Brinda su sopa con la mía y bebe un sorbo. Acto seguido coge mi brazo y empezamos a andar entre la multitud hasta que la voz de una mujer le hace parar y yo con él.
-Niall Horan.- Aún no la he visto pero me la imagino por su voz de gata. No dice su nombre, lo canta y lo saborea.
-Kathia.- Él es duro, como casi siempre.- Mira te presento a la señorita Bell, mi secretaria.- Me doy la vuelta y le tiendo la mano que coge durante un segundo y luego la separa para volver la vista y atención a Niall. En efecto, en una gata. Lo peor es que es perfecta, tiene media melena negra como el carbón, alta y delgada pero sin perder sus curvas que van envueltas en un vestido rojo largo de seda. Tiene los ojos oscuros y una mirada, pues eso, de gata con los labios a juego pintados de rojo.
Al principio de la conversación intento prestar toda la atención posible, pero cuando veo las intenciones de Kathia con Niall me disculpo diciendo.
-Voy a ojear por ahí.- Digo. Aunque luego me doy cuenta de que al lado de la gata parezco una niña de pañal y eso me hace sentir inferior. Niall me mira y con los ojos niega.
-Pásalo bien, cielo. Nosotros lo pasaremos genial por aquí también.- ¿Tú sabes con quién estás hablando?. Sí el que iba a ser mi futuro marido no ha podido conmigo tú tampoco vas a poder pedazo de guarra. Me acerco a ella con sigilo y la susurro.
-Cuídamelo, que hay mucha víbora suelta esta noche.- Sin dejar que diga nada más me alejo de ambos con el ego bien alto, como a mí me gusta. Sonrío en mi interior. Busco en mi pequeño bolso de mano y saco un cigarrillo, no suelo fumar muy a menudo pero alguna que otra vez si lo hago. Cojo otra copa de la bandeja que llevan los camareros y me dedico a deambular por ahí.
-Ay, perdona.- Digo cuando siento que he pisado a alguien. Me doy la vuelta para mirar quién es.
-Y usted es...- Ya estamos...
-Emily Bell, secretaria de Niall Horan.
-Ya veo. Yo no he invitado a secretarias, yo he invitado a jefes.- ¡Y a mí qué me cuentas!. Analizando lo que me ha dicho, descubro que él es el señor Walker y la sangre me empieza a hervir por momentos. Justo cuando voy a contestarle, aparece Niall por detrás y le tiende la mano.
-¡Muchacho!.- Le saluda con un gran apretón.
-Señor Walker.- Creo que intenta sonreír pero se queda en un intento.- Ella es la señorita Bell.
-Lo sé, su secretaria. A la que no he invitado.- Su mirada fría hacia mí me desconcierta. Niall me manda una mirada de enfado. ¡Joder, yo aquí me siento como la peste!.
-Lo sé señor. El problema es que ya sabe que soy nuevo en Londres y estoy recibiendo un poco de ayuda por su parte. Espero que no le moleste, señor.
-Si así es, claro que no me molesta muchacho.- Le da un par de palmadas en la espalda.- Voy a seguir saludando a la gente, disfruten.- Niall me coge del antebrazo y me lleva al interior de lo que supongo que es la cocina donde preparan la cena, paramos en uno de los pasillos y me sigue mirando enfadado.
-Una pregunta. ¿Te he dado permiso para que te vayas de mi lado?.- Bueno, lo que me faltaba.
-Una pregunta. ¿Soy de tu propiedad?.
-Aquí sí.
-¡Esto es increíble!. Entonces, espera, que me pongo a cuatro patas para que me pongas la correa y el bozal.
-Esto no es una broma Emily. Aquí hay gente con la que no estás acostumbrada a tratar.- Vale, ya han empezado a tamborilearme los dedos. Me pasa cada vez que me pongo nerviosa, al principio los médicos creían que podría ser Parkinson, pero luego finalmente se descubrió que lo que tengo es un jodido tic en los dedos.
-Me voy.- Me doy la vuelta y comienzo a andar.
-¿Dónde?.- Dice detrás de mí.
-A mi pocilga de casa, a comer comida de gente pobre y tratar con gente de mi bajo nivel de vida. Adiós.- Vuelvo a salir al jardín. Jesús, estos malditos dedos no dejan de moverse.
-Espera.- Me coge de la mano que no deja de moverse y como si tuviera corriente eléctrica la vuelve a soltar.- Lo siento, no mido mis palabras. Quédate a cenar y después saldremos de aquí.
-¿Vas a volver a tratarme como si fuera basura?.
-No eres basura, Emily.
-Bien, entonces me quedo.- Bueno, por eso y porque tengo hambre.
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