El despertador con la canción de Roar de Katy Perry me levanta de la cama a las seis y sin ser consciente de nada de lo ocurrido anoche y que en menos de un par de horas voy a tener que volver a verle me meto en la ducha y dejo que el agua me relaje. O bueno, al menos lo intente.
Siento como si la noche de ayer hubiese sido la noche más larga y tormentosa de mi vida. No me la puedo sacar de la cabeza y secuencias diferentes de la noche se repiten en mi cabeza una y otra y otra vez y es bastante frustrante porque no quiero pensar en nada de lo ocurrido, quiero dejar la mente en blanco y obviar todo. Pero no puedo. Agradezco por una parte que Niall me protegiera y se preocupara por mí, ¿pero hasta ese punto?. No podía dejar que llegase a ese punto, por Dios, ¡somos personas adultas!.
Cuando me dirijo a la cocina a por el desayuno me pesa todo el cuerpo, tengo un dolor de cabeza alucinante y me cuesta mantener los ojos abiertos, supongo que será por todo el estrés y cansancio de ayer. Después de beberme una taza hasta arriba de café con poca leche, a ver si así espabilo de una vez, salgo de casa con un sufrimiento horrible.
-Buenos días.- Digo cuando paso al despacho de Niall sin levantar la cabeza. En cuanto lo digo me llevo la mano a la garganta. ¡No puede ser!. Estoy ronca, ¿pero qué...?. Niall desde su despacho frunce el ceño hasta tal punto que parece tener una única ceja. ¡Vamos no me jodas!. ¿Cómo voy a estar ronca?.
-Emily, ¿te encuentras bien?.- Lo miro sin contestar y me siento en mi mesa para después ponerme a trabajar o más bien hacer que trabajo. ¿Por qué me habla y más con esas confianzas?. Quiero decirle cuatro cosas bien dichas, pero no lo hago por dos razones: No quiero perder más la voz y me da vergüenza mirarle a la cara. ¡Joder!. Ayer por poco no me acuesto con él. ¡Con mi jefe!, y lo peor es que estaba más que dispuesta a hacerlo si no hubiese sido tan capullo.
A las once, después de apenas tres horas de trabajo, tengo que parar por un momento, quitar la vista de los papeles, el teléfono y el ordenador y cerrar los ojos mientras me masajeo las sienes. ¿Por qué siento que están dando un concierto de Heavy Punk en mi cabeza?. ¡Es horroroso!. Una llamada entra y sin muchas ganas de lo que viene siendo nada la contesto.
-Despacho del señor Horan, ¿en qué puedo ayudarle?.- Intento no forzar mucho la voz para que no se me note que la tengo hecha una porquería, pero aún así creo que no funciona.
-¿Emily?.- ¿Para qué llama Harry al despacho si tiene su número privado?. Yo es que hay cosas que no entiendo.- ¿Estás mutando?.- Dice antes de soltar una carcajada. Miro a Niall de reojo que parece estar muy atento de unos documentos y le susurro.
-Vete a la mierda, imbécil.
-¿Qué pasa, niña?. ¿La mamada que le hiciste ayer al señor Horan te ha dañado las cuerdas vocales?.- Abro los ojos y la boca sorprendida por lo que ha dicho.
-Eres un bruto, Harry. Y cuando te vea voy a matarte, ¿tú cómo sabes que ayer estuve con él?.
-Porque soy su amigo. Ahora, pásamelo. Eres una secretaria bastante pésima.- Me enfurezco.
-¿Por qué?.
-Porque no tratas a las personas como debieras. Ahora, pásamelo.- Sin pensarlo dos veces y sin importarme las consecuencias cobre mi voz grito.
-¡Mira Harry no te pases porque no estoy de humor!. Así que métete tus gracias y tus faltas del respeto por el culo, ¡antes de que yo te meta mi tacón por él!. ¿Entendido?.
-Tres, dos, uno...ahí va.- Sin tiempo a reccionar y preguntar qué narices dice Niall me agarra del hombro, me quita el teléfono de las manos y antes de contestar me dice.
-Emily, por favor no fuerces la voz. Siéntate en mi silla, en un minuto estoy contigo.- Hago caso a lo que me dice porque después de haber gritado como lo he hecho no me siento ni con fuerzas para respirar.
Me siento en la gran silla de piel negra de Niall, bueno prácticamente me recuesto en ella. Un escalofrío me da de repente, pues qué bien...De lejos oigo a Niall discutir con Harry, pero no hago mucho caso a la conversación. No soy tonta y sé por qué Harry lo ha hecho; me apuesto lo que sea a que después de lo ocurrido anoche Niall llamó a Harry y le contó todo, él ha llamado esta mañana para ver cómo estaba yo y al escuchar mi voz ha visto la oportunidad perfecta de picarme sabiendo que Niall me iba a defender y así
que termináramos felices y comiendo perdices. Pero se va a quedar con las ganas.
Una vez acaba de hablar con Harry, cuelga el teléfono y me mira. Yo hago como que no sé que me está mirando, pero aún así yo también lo miro a él y por lo que veo no ha debido pasar una buena noche. Sus ojeras marcadas y su constante movimiento de manos en su pelo rubio me dicen que está cansado y frustrado. Justo como yo me siento. ¿Por qué me tiene que dar pena que esté así si tendría que estar enfadada?. ¡No es justo!. Aún me siento con la niña pequeña de ayer, no sé qué hacer ni qué decir con él. Siento como cuando un padre regaña a su hija y esta se enfada, luego se entristece y luego espera a que su padre vuelva para abrazarla y decirla que todas cometemos errores, pero que la sigue queriendo de todas maneras. Y es absurdo este sentimiento, porque yo mi cabeza no necesita que Niall vuelva, pero mi corazón sí. Afortunadamente para mi cabeza y para desgracia de mi corazón la primera siempre manda en mí.
-Emily.- Niall se acerca a mí y poniéndome un mecho de pelo detrás de la oreja, frunce el ceño y vuelve a posar la mano en mi frente.- Joder...nena, estás muy caliente.- Como si de un delirio se tratara suelto una pequeña carcajada. Esto no puede ser más surrealista. Yo, sentada en su silla deseando pillar una cama y dormir por el resto del día y él, con cara de preocupación diciéndome que estoy muy caliente. Sí...- Lo digo en serio. Vamos, coge tu abrigo, nos vamos al médico.- ¿¡Médico!?. ¿He oído médico?.
-¿Al médico?.
-Sí. No puedes estar así, Emily. Ni si quiera entiendo cómo has podido venir a trabajar.
-No quiero ir al médico, Niall. No, por favor.
-¿Por qué?.
-Porque no. Porque me dan miedo.- Me coge de las manos y me levanta de la silla. Va a por mi abrigo y se encarga de ponérmelo abrochando hasta arriba.
-Eso es una absoluta tontería.- Si tú supieras...Me pone un gorro que supongo que será el suyo porque mío no es y entrelazando sus dedos con los míos me dice.- Vamos.
Cuando hemos llegado a la sala de espera del médico no me quedan uñas y tengo un manojo de nervios en el estómago. No tengo nada en contra de los médicos es solo que cuando era pequeña tuve una muy mala experiencia y desde entonces me prometí a mí misma que iría al médico cuanto menos mejor. El doctor dice mi nombre y Niall entra conmigo, quiero decirle que no entre pero por la mirada que me echa sé que sabe que se lo voy a decir y sé que se va a negar en rotundo. Total que no quiero montar un espéctaculo en medio de la consulta y lo dejo pasar.
-Dígame señorita Bell, ¿qué la ocurre?.- Miro a Niall sentada al lado mía y subo las manos a la mesa para que pueda ver mi tic en los dedos. Al verlo asiente.
-Verá Doctor, anoche se fue a la fiesta del agua y después no quiso taparse.- Me parto contigo...pienso.- Con lo cual esta mañana se ha levantado con fiebre, ronca, dolor de cabeza, de ojos y le pesa todo el cuerpo como si estuviese arrastrando piedras.- Si yo no le he dicho nada de lo que me duele, ¿cómo lo puede saber?.
El doctor me hace pasar a la camilla donde me mira de arriba a abajo los ojos, la garganta, los oído, la tensión, la temperatura. Vamos que no me mira el culo yo no sé por qué. Cuando ha quedado satisfecho se siente en su mesa y empieza a escribir en el ordenador una barbaridad de cosas. Vamos a ver, que me diga algo ya, ¿no ve que estoy de los nervios?. Cunado lo que creo que son recetas empiezan a salir nos mira y me dice.
-Deberías estar en la cama por lo menos hasta mañana al mediodía ya que tienes treinta y nueve y medio de fiebre y la garganta irritada. Los dolores de cabeza y cuerpo son unos síntomas claves en la gripe y si notas náuseas, escalofríos, mareos o ronchas en la piel también es normal.- ¿Y si me muero también es normal?. ¡Porque vaya tela!.- Te he mandado iboprufeno, unas pastillas para el resfriado, unos caramelos con medicamento para la garganta, unas gotas para la nariz y otras para los ojos. Bebe mucho líquido, no tomes alimentos fríos, no bebas y no fumes. Eso es todo. ¿Alguna pregunta?.- Sí, ¿puedo vivir?. Ambos negamos con la cabeza y dándole las gracias salimos de la consulta.
Una vez llegamos al coche lo ojos se me cerraron sin ni siquiera quererlo, la fuerza se me escapaba por momentos y cada vez tenía menos ganas de nada. Solo dormir, dormir, dormir y aunque me sonase extraño a mí misma necesitaba sentirme querida, necesitaba esa sensación de que no estás sola, que alguien se preocupa por ti y que va a estar ahí contigo. Y en ese momento se podría decir que Niall lo cumplía, de una manera extraña, pero lo hacía. No sé en qué punto de la carretera me quedé dormida.
-Emily...- Siento una mano acariciándome el hombro.- Em, hemos llegado a tu casa.- Cuando intento abrir los ojos, la luz me hace un daño tormentoso y los tengo que volver a cerrar. Dios, ¡qué dolor de cabeza!.
-Dios...
-Vale, no abras los ojos. Te voy a llevar, ¿sí?. Espera aquí.- Minutos más tarde me coge en brazos, meto mi cara en su cuello y aspiro disimuladamente su olor, lo que sin saber por qué, me resulta reconfortante, cuando llegamos busca mis llaves para subir a casa. Una vez arriba, me suelta para que pueda abrir la puerta de mi casa.
-Gracias por todo.- Susurro. Entro en casa y cuando hago el intento de cerrar la puerta, la agarra, entra y murmura.
-Pequeña, no me voy a ir hasta que te recuperes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario