lunes, 31 de marzo de 2014

Chapter 2.

Dos días después me veo tirada en la alfombra del salón con una manta encima y toda la mesa llena de comida no precisamente sana, un montón de pañuelos y sí, he de reconocerlo, alcohol. Anoche me di el festín de mi vida, pero el alcohol es una mentira, no me olvidé de absolutamente nada, todo seguía clavado en mi memoria como si lo reviviera una y otra vez. Cuando oigo la puerta del piso abrirse me tapo la cabeza con la almohada.

-¡Ugh, por Dios!. ¿Crees que se puede vivir así?.- Gruño. Celia había venido a verme, cosa que agradecía por una parte, pero por otra quería estar sola para darle más vueltas a la cabeza, torturarme más, llorar más y odiar mi vida más aún de lo que ya lo hago en este momento. Porque sí, porque me gusta hurgar y creo que a todas chicas les pasa. Cuando nos pasa algo malo, pensamos en algo peor y lloramos más y al final le coges el gustillo aunque no lo creáis.- ¿Necesitas algo?.- Se agacha hasta el suelo y me acaricia el hombro.

-Chocolate.- Susurro sacando la cabeza de mi pequeño escondite. Momentos después estoy abriendo mi boca porque Celia me está metiendo una onza de chocolate blanco.

-¿Mejor?.- Vuelvo a esconder la cabeza.

-No y encima me voy a poner como una foca. Gorda, fea y amargada, lo que siempre quise ser.- Suelto un quejido y las lágrimas vuelven a mis ojos. Que asco...

-¡Se acabó!.- Celia de un manotazo aparta la almohada y la sabana y cogiéndome por los hombros me levanta y hace que la mire.- Esta noche vamos a salir y vamos a darlo todo.

-No...

-¡Sí, fiesta, fiesta!.

-No...fiesta, no...- Se aleja a lo que supongo que es mi habitación para escogerme algo de ropa.

-¡Fiesta, sí!. Llamemos a Louis.- Me levanto y recojo un poco por encima todo el desorden que hay encima de la mesa, por el suelo y en el sofá.

-¡Santa María!. ¿Por qué nunca te he visto con este vestido?.- Me asomo a la habitación viendo un vestido negro corto ajustado y con un escote por toda la parte de la espalda.

-Amm...ehh...bueno...a Ian no le gustaba mucho que me lo pusiese así que...- Pone los ojos en blanco y lo estira encima de la cama.

-Ese imbécil, a parte de gilipollas, subnormal.

-¿Puedes poner más insultos en una misma frase?.

-Lo siento, cari. Pero a una mujer nunca se la deja como él lo ha hecho contigo, como le pille un día le frío los huevos con la freidora.- Suelto una leve sonrisa.

-Me voy a duchar.

-Haces bien. Oh, y respecto a lo de sus preciados huevos, voy a ser maja y le voy a dar a elegir con qué lo quiere acompañar. Con un puñetazo en la cara o un rodillazo en el estómago. Corre por cuenta de la casa, ¡estamos en oferta, señores!.- No se la vuelve a oír en todo el tiempo porque está muy atareada buscando zapatos.

Yo me doy una larga y relajante ducha, al salir cojo el móvil y me encuentro con seis llamadas perdidas de mi padre, doce de mi madre, tres de Celia, cinco de Louis e inexplicablemente una de mi hermanastra. Mi hermanastra o mejor dicho, Lucy, es hija de la actual mujer de mi padre, nunca nos hemos llevado bien, para que mentir. Ella simpre ha creído que es una barbie, y como no las barbies tienen que tener el coche de la barbie, la casa de la barbie, el ken y por último pero no menos importante todo un ropero con ropa de pitiminí y todos sus accesorios a juego. Muy distinto de ella es Liam, su hermano mayor y aunque no de sangre, mi hermano; juro de verdad que nunca he conocido a nadie que sea más buena persona que él. Lo quiero mucho y siempre ha estado ahí para mí, cosa que creo que a Lucy no le convence del todo. Como no me apetece hablar con nadie, decido poner en el estado del Whatssap que me encuentro bien.

-¿Qué hacen dos estrellas volando tan bajo?.- Nos piropea Louis cuando nos ve esperando en la puerta de la discoteca. Celia le da un golpe en el hombre y le dice.

-Menos mal que eres psicólogo, porque como te tuvieras que ganar la vida a base de piropos, ¡no te comías un rosco, chico!.- Celia coge mi mano y mirando para atrás hacia Louis digo.

-Lou, las estrellas no vuelan, flotan.- Me encojo de hombros mientras él ríe y me dejo llevar por Cel hasta que llegamos a la barra.

-Quedaros aquí que voy a pedir.- Dice Celia por encima de la música y el jaleo en general. Me a poyo en la barra y Lou se pone a mi lado acariciándome el brazo.

-En realidad, tiene la personalidad de un machorro.- Dice refiriéndose a Celia.- El día que encuentre a alguno que la aguante por siempre, ese día, me postraré a sus pies.- Louis como siempre hace que suelte una carcajada.

-No es tan guarra como quiere aparentar ser porque tiene un corazón enorme.- Louis asiente dándome la razón.

-¿Tú qué tal estás?. Todos andamos preocupados por ti.- Me encojo de hombros y desvío la mirada.

-¿Cómo me tengo que sentir cuando ya creía que mis vivieron felices y comieron perdices había llegado, pero me doy cuenta de que todo este tiempo no ha valido para nada?. Jodida, supongo.

-Cuidado que mancho.- Celia acaba de llegar con tres vasitos y una botella de vodka.- ¡Chupitos para todos!.- Reparte, brindamos y bebemos de un trago. Louis me señala con el vaso.

-Tienes que empezar de nuevo, hacer cosas que te motiven.

-¡Eso, eso!.- Apoya Cel.

-¿Cómo qué?.- Ambos se quedan pensativos.

-Algo como...¿pintar? o escribir, ¿qué tal hacer ejercicio?.

-Siempre quedará follar.

-¡Qué bruta puedes llegar a ser!.

-Perdona, señor Tomlinson, pero tus técnicas de psicólogo son una mierda, ¿escribir?. Bah.- Algo que me motive...algo que me motive...

-A mí me motivaba Ian...

-¿Ian?. ¿Hemos oído Ian?. No conocemos a ninguno con ese nombre.

-¡Más chupitos!.- Vuelve a repartir Celia. Después de haber perdido la cuenta de los chupitos que nos habíamos tomado, nos vamos a la pista a bailar o en mi caso, a hacer el intento de bailar. Después de estar haciendo el tonto con Louis y de haber perdido a Celia cinco veces, la encontramos con un chico alto, delgado, de ojos miel, un pelo oscuro y una barba que le hace estar más bueno aún si se puede.

-¡Venimos tres y nos vamos cuatro, bieeen!.- Digo dando palmas, soy consciente de lo que hago y digo pero fuera de tiempo.- Y nos ha tocado un buenísimo candidato, ¿cuál es tu nombre?.- Me suelto de la mano de Louis y miro al chico quien hablaba con Cel.

-Zayn, encantado.

-No hijo, encantada yo.- Louis vuelve a cogerme la mano y seguimos andando hacia el coche de este.

-Relájate, ¿vale?.

-S-si yo esstoy muy relajada.

-Bueno.- Comienza a hablar Celia.- Nota mental, nunca más dejar beber a Em. Ahora, me voy, que su coche está por allí. Nos vemos, chaooo.- Louis y yo seguimos caminando hasta llegar a su coche. Cuando llegamos a la puerta de mi casa, el coche para y Louis me mira.

-¿Estarás bien?.

-Sí, voy a dormir como nunca...- Se ríe. Cuando me voy a bajar, le miro y sin saber por qué me junto hasta rozar sus labios, él rápidamente se aparta y me sonríe.

-No, Ly. Ya sabes que somos amigos.

-Sí, sí, no lo tenga en cuenta, ¿vale?.- Sonríe y asiente.- Amigos.

-Hermanos.

-Sí, hermanos. Hasta la próxima.


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Hola!. Ya que no tengo exámenes y me aburro he decidido subir otro, a ver si poco a poco van subiendo las visitas, espero que sí...Repito que si queréis que avise puedo hacerlo por twitter @hereperfect1d. Gracias y disfrutar.

domingo, 30 de marzo de 2014

Chapter 1.

La mayoría de los días no eran especiales para mí hasta que apareció él. Cariñoso, amable, sincero, todo lo bueno que puede tener un hombre lo tenía él. Lo había conocido en la Universidad, él estudiaba informática y yo Secretariado Internacional. Polos opuestos pero al mismo tiempo éramos uno. Hacía dos años que vivíamos juntos en un pequeño piso en el centro de Londres, nada especialmente caro o bonito. Pero para mí, era perfecto. No podía pedir nada mejor en mi vida hasta la noche que me preparó una increíble cena con velas y champán y me dijo.
-Cásate conmigo, Em.- Sacó una caja con un anillo impresionante y me lo puso en el dedo anular.
-Claro que sí, Ian.- Sonreí como si fuera la chica más feliz en el universo. En realidad era así como me sentía. Bueno, tal vez, nunca me hubiera imaginado esto de esta forma, pero él siempre hacía las cosas cuando nunca las imaginaba y me gustaba mucho.


Dos semanas después me probaba vestidos de novia con mi mejor amiga y con mi madre. Salgo del vestidor y sonriendo doy una vuelta para que vean el vestido entero.
-¿Qué os parece?.
-Estás preciosa, Em.- Se levanta mi amiga arreglándome un poco el pelo. Celia, nos conocimos en el instituto y desde entonces no nos hemos separado. Ella sabe todo de mí y yo todo de ella como que es una soltera resentida y no quiere saber nada de los tíos. Buenos, ya sabéis no quiere nada serio, pero le encantan los chicos de una noche.
-Cielo, estás espléndida, cuando Ian te vea se le va a caer la baba.- Mi madre, tengo que decir que nunca estuvimos muy unidas, aunque siempre ha sido mi madre y siempre la he tenido ahí para todo. Pero digamos que la adolescencia hizo mucho daño, y que de repente me volviera heavy a los diecisiete no le hizo mucha gracia.


Tres días después estoy arreglándome para ir con mi padre a tomar un café, viene de Liverpool y estoy muy emocionada por verlo ya que hace tres meses que no lo veo.
-¡No!. Hemos pedido que las fotos sean en el exterior. ¡Bien!. ¡Gracias!.- Cuelga y suspira cansado.
-¿Qué ocurre?.
-Nada grave. ¿Piensas tardar mucho en hacer tu lista de invitados?.- Pienso durante un momento.
-Mmm...no sé, tengo mucha gente en la que pensar, la familia, los amigos, el trabajo. Mañana si tengo tiempo, me pongo.
-¿Si tienes tiempo?. Emily, hay que entregarla ya.- Me acerco a él abrazándolo por detrás.
-Ian, no te tenses. Es una boda, un día que tiene que ser genial para nosotros, no un día en el que andemos estresados y preocupado.- Asiente apoyando su cabeza en mi hombro.- Te veo por la noche. Te quiero.


-¡Papá!.
-¡Cielo!. Estás más alta.- Río.
-No cuela, ya pasé la adolescencia.- Comenzamos a andar hacia la cafetería.
-No me puedo creer que te vayas a casar. Aún eres tan joven...
-Papá...no empieces con eso. Tengo veinticuatro años, sí no es algo muy común casarse a esa edad en estos tiempos, pero es lo que más deseo.
-Y tiene que ser con Ian...- A papá nunca le gustó Ian, básicamente porque Ian prefiere en baloncesto y mi padre muere por el Derby.
-Por favor...puedes fingir que te alegras aunque sea un poco...- Me abraza de lado.
-Me alegro si tú eres feliz, cielo.
Una vez nos sentamos en la cafetería y pedimos un café cada uno, me cuenta que tal le va la vida con su nueva esposa, su nuevo trabajo y todo lo demás. Mis padres se separaron cuando yo tenía dieciocho, no lo tomé muy mal porque sabía que era lo mejor para ambos. Mis padres se han querido siempre muchísimo y apuesto a que aún lo hacen, pero la vida fue complicada para ellos.


Tres meses después, tres días antes de la esperada boda mis amigos me organizan una despedida de soltera, no es una de esas en las que un tío se queda en tanga y se sube encima de ti para que le toques. Solo es una cena amena entre amigos, para pasarlo bien y recordar.
-¡Sabía que sería la primera en el grupo en casarse!. ¡Simplemente lo sabía!.- Dice Louis mientras los demás ríen. Louis, mi mejor amigo desde sexto se primaria. Él simplemente está ahí para hacerte reír y animarte con lo que sea.
-¿Y piensas tener hijos?.- Pregunta Celia. Yo escandalizada me tapo los ojos con las manos. Otra carcajada inunda la mesa.
-¡No!. ¡Jesús, no quiero hijos aún!.
Después de una larga noche juntos, todos recogen sus cosas y uno a uno se despiden de mí y me dan mucha suerte para que todo salga genial.
-Lo siento por ti, Ly.- Él es el único que me llama así. Me pueden llamar Emily, Em o hasta mis padres me llaman cielo. Pero Louis es el único que me dice Ly.
-¿Por qué?.
-Ya sabes lo que dicen, una vez que te casas se acaba el sexo.
-¡Louis!.
-Por eso yo nunca me casaré.- Se acerca Celia.
-Lo tuyo ya es pasarse. A ti no te gusta el sexo, tú eres una obsesa del sexo.- Nos reímos de ella y ella frunciendo el ceño recoge su bolso.
-Me voy, que me espera Marcus.
-¿Pues no era Ethan?.
-No cariño, ese fue la semana pasada.- Louis y yo reímos.
-¡Pásalo bien, fiera!.
Una vez he terminado de recoger todos los regalos que me han hecho y mis pertenencias salgo con Louis camino a casa. La noche es algo fría pero se está a gusto, el camino con Lou se siente diferente, no incómodo solo que sé que después de está noche tal vez no estemos tan unidos porque yo estaré casada.
-Veo mover a una velocidad increíble los engranajes de tu cabeza, Ly.- Sonrío agarrándome a su brazo.- No me lo preguntes, porque nada va a cambiar, te lo prometo.
-Maldito psicólogo lee mentes.- Louis trabaja para un bufete.


-Cielo, ¿necesitas ayuda con ese vestido?.- Llevo sentada en la cama hace quince minutos con la puerta cerrada. El vestido cuelga en la percha y la ventana abierta hace que se mueva levemente. Me levanto abro la puerta y abrazo fuertemente a mi madre.- Shhh...¿Nerviosa?.- Asiento sin soltarme de ella.- Es normal hija.
-Quiero casarme, de verdad que quiero, amo a Ian pero, no sé...
-Lo sé, cielo. A todas nos pasa, el día de tu boda te lo replanteas todo, es normal. Vamos a poner este precioso vestido en tu bonito cuerpo y vamos a llegar al altar donde vas a decir que sí al hombre de tu vida, ¿sí?.- Asiento preparándome para meterme en ese gran vestido.
Una vez está todo preparado y yo ya estoy metida en el coche después de hacer todo tipo de malabares para poder entrar. Louis se monta en el asiento del conductor, mi padre de copiloto y Celia a mi lado. Me hubiese gustado que estuviera mi madre, pero no la iba a obligar.


Después de media hora esperando a mi futuro marido, me empiezo a poner histérica, me cuesta respirar y quiero golpear algo.
-¿Qué pasa?.- Susurro a mi padre una vez ha vuelto de hablar por teléfono.
-No aparece, cielo. Desde ayer por la tarde nadie sabe nada de él. Está fuera del mapa...- Noto como mi vida y todo por lo que he lucha se desvanece en un suspiro y después rompo en lágrimas y se siente como lágrimas de sangre. Me siento en la primera filas de bancos y me tapo la cara con las manos. Mi madre habla con mi tía sobre el dinero invertido, el esfuerzo y el tiempo, pero yo ahora no puedo pensar en eso. Sólo quiero saber un porqué. ¿Por qué me ha hecho esto?.

Prólogo.

Ella lo tenía todo. Una chica jóven, guapa, simpática, trabajadora y lo más importante enamorada del que ella pensaba que era el hombre de su vida.
Pero de la noche a la mañana, todo acabó. Lo que parecía que era un final feliz, se convirtió en su peor pesadilla.


De repente apareció él. Rico, guapo...Lo que cualquier chica definiría como perfecto. Pero no era así, él tenía problemas. Problemas con los que tenía que tratar día a día.

Ella intentará ayudarlo, pero no será fácil.