viernes, 14 de noviembre de 2014

Capítulo 38.

-¿Papá?.

-Hola hija, ¿qué tal todo?.

-Ehm...bien, bien. ¿Ha pasado algo?.- Silencio. Vale, ha pasado algo.

-¿Por qué iba a pasar nada?.

-No sueles llamar porque sí.- Observo las punteras de mis zapatos. Siempre me cuesta hablar de esto, pero mi padre nunca ha sido de esos que se interesa mucho por su hija, tal vez porque yo tampoco le dejaba.

-Es sobre Janet.- Así me gusta, al grano. Espera, ¿Janet?. ¿Janet la hermana de Liam?.

-¿Qué pasa con la hermana de Liam?.

-Emily.- Me reprende.- También es tu hermana.

-Lo que sea.- Susurro molesta.

-Va a ir unos días a Londres.

-Pues muy bien.

-Y quiero que te hagas cargo de ella.

-¿Estás de broma?. No va a entrar en mi casa, aviso.

-No será necesario. Simplemente su madre quiere que la enseñes un poco la ciudad.- La señora siempre dando por culo, como no.

-También está su hermano.

-Ella quiere que lo hagas tú, para ver si de una vez estrecháis la relación.

-Imposible.

-Emily, te lo pido por favor. Lo que ocurrió fue hace mucho tiempo, ya está olvidado para ellas.

-Pero para mí no.

-Por favor, hija.

-...¿cuándo llega?.

-El miércoles.- De repente siento a Niall detrás de mí, me agarra de las caderas y me pega a su pecho. Inmediatamente me tenso.- ¿Emily?.

-Sí, vale. Dila que me mando un e-mail el lunes.

-Gracias hija. Por cierto, ¿cuándo vas a dejar que te vea?.- Niall me sopla el cuello y deja un beso húmedo bajo la oreja. Me concentro para no soltar un suspiro.

-Supongo que iré en Navidad con Niall.- Niall me mira con el ceño fruncido. ¡Oh, joder!.

-¿Niall?.- Pregunta mi padre al otro lado del teléfono.

-Quería decir Liam, papá.- Miro a Niall quien ahora tiene una sonrisa ladeada. Decido dar por zanjada la conversación.

-Papá te dejo, que estoy un poco liada. Nos vemos, te quiero.- Cuelgo el teléfono y miro enfadada a Niall que se esfuerza por no reír.- Te mato.

-Nena, creo que es un poco pronto para pasar las Navidades con tu padre.- Pongo los ojos en blanco.

-Vete a la mierda, gilipollas.

-Para que veas lo que te provoco con solo rozarte.- Sonríe satisfecho y a mí me arden las mejillas de la rabia, lo peor es que sé que tiene razón. Le doy un empujón en el pecho.

-¡Cerdo engreído!.- Rápidamente me coge el móvil que aún tengo en la mano y lo balancea a escasos centímetros del agua.

-¿Qué me has llamado?.

-Devuélvemelo, Niall.

-¿Qué me has llamado?.

-No te atreves, así que deja de jugar.

-¿Que no me atrevo?.- Lo mueve más rápido, intento cogerlo, pero se aleja.

-No, claro que no te atreves.- Ladea la cabeza y parpadea.

-Tienes razón, no me atrevo. Toma.- Me tiende el móvil. Vale, ya me sé el jueguecito de vacilarme con que me lo da y cuando lo voy a coger se parta, pero aún así pico y cuando intento cogerlo realmente me lo da. Lo miro.

-Gracias.

-De nada, nena.- Asiente y acto seguido sin que pueda hacer nada, me coge cual saco de patatas y sin importarle mis súplicas y mis gritos, me lanza de un golpe al agua helada del lago. Doy gracias a que me ha dado tiempo a tirar el móvil a la hierba. Saco la cabeza lo más rápido que puedo. Joder, en serio está congelada. Diviso a Niall que está de cuclillas en la orilla riendo a carcajadas. Nado hacia él, salgo del agua sin decirle una palabra y recojo mi móvil.

-¿Estaba buena?.- Pregunta aún riendo. Le sonrío con ironía.

-Genial para la circulación.- Se ríe con más fuerza y se pone de pie andando detrás de mí.

-¿Te hace otro?.- Atravieso el porche y de repente me paro. Yo también sé jugar.

-Quizá después.- Me tiro a sus labios y le beso con fuerza. Oh Dios...Creo que él lo esperaba tanto como yo ya que me agarra de las caderas y tira de mí hacia él. Soltamos un gemido que aprovecho para introducirle la lengua. Paso las manos de su espalda a su pelo y tiro de él. Me separo de él unos instantes, lo empujo contra la pared y me subo encime de él enrollando las piernas a su alrededor. Suelta un sonido sordo.

-Sé lo que estás haciendo.

-¿Ah sí?.- Beso su cuello.

-Sí. Para.

-No, párame tú.

-No.- Le dejo un breve mordisco y me bajo de sus piernas. Me pongo de rodillas delante de él, le desabrocho el pantalón y se lo bajo.

-Del uno al diez, ¿cuánto te pone esto?.

-Un cincuenta.

-Me alegro.- Me levanto.- Para que veas lo que te provoco con solo rozarte.- Apoya la cabeza en la pared y cierra los ojos con la respiración entrecortada. Abro la puerta y busco mi habitación con mi maleta para poder cambiarme.

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