sábado, 7 de febrero de 2015

Capítulo 45.

-Mamáaa.- Janet abre la puerta del coche casi en marcha y corre hacia su madre que está en la puerta esperándonos. Bueno, esperando a sus hijos. Desde el asiento del copiloto cojo aire y después miro a Liam, quien me coge la mano y me da un apretón.
-Vamos, piensa que no puede salir peor que otras veces.- Sí, eso es verdad. Asiento y bajamos del coche. Liam saluda a su madre con la mano y viene a ayudarme a sacar las maletas del maletero. Ya no hay vuelta atrás, pero esta vez es diferente. Lo siento más extraño, no estoy tan preparada como otras veces y no me gusta la sensación que me da esta vez. Camino junto a Liam con una maleta en cada mano.- Janet, podrías ayudar, también hay cosas tuyas.
-Ay, cariño, no se lo tengas en cuenta, está cansada del viaje. Pero, ¡ven a abrazar a tu madre!. ¿Cómo te trata Londres?.- Me mira de reojo. Sí, ya se que has querido decir, ¿cómo te trata Emily?. Mejor que tú, seguro.
-De maravilla, mamá.- Se separa de ella y mientras entra la dice.- Por cierto, estás muy guapa.- Y para qué negarlo, está muy guapa. Roza los cincuenta y ocho y aún mantiene las curvas, está delgada y bien arreglada porque se lo puede permitir. Además las vestimentas que lleva no son precisamente del mercadillo. 
-Hola, Wanda.- Saludo antes de llegar a donde está.
-Tu padre está en su despacho.- Se da la vuelta y entra en la casa. Zorra.
Cuando entro en la casa todo está como siempre, con una limpieza extremista y todo colocado a la mayor perfección. En cambio, cuando entro en la que se supone que es mi habitación la cosa deja bastante que desear. La moqueta está manchada de pintura y el papel de la pared está arrancado por varias partes. Según madre e hija, como no paso mucho tiempo aquí, Janet lo usa para el cuarto de las manualidades. Pero por mucho que no me guste, no me queda más remedio, así que me dispongo a colocar la maleta.
-Oye, mira Em, esto da bastante asco.
-Oye, mira Liam, yo no tengo la culpa.
-No te pongas así conmigo. No tenía idea de que estaba así. Quier decir, siempre ha estado mal, pero esto ya es inhumano.- Pongo los ojos en blanco y de repente me dan ganas de llorar.
-Lo siento...
-Coge tu maleta y métela en mi habitación.
-¿Quieres que tu madre te mate?.
-Yo me ocupo de eso, va.
Su habitación es otra cosa, se nota que aunque el no haya estado, su madre se ha tomado muchas molestias en dejarla como una habitación habitable. Si la de Liam está así, no me quiero imaginar como será la de Janet. Nunca se me ha permitido entrar en su habitación, era demasiado 'mala' y lo destrozaba todo.
-Puedo hacerte sitio en el armario.
-Oh, no, no. Solo necesito un par de perchas, no voy a sacar nada de la maleta.
-¿Segura?.
-Sí.
-Bueno, pues entonces vamos a ver a papá.- Qué ilusión...- Quita esa cara y haz que te hace un poco de ilusión.
-¡Madre mía!. ¿Se puede saber qué han hecho con mi hija?.- Exclama mi padre cuando me ve bajar por las escaleras. No puedo evitar sonreír ligeramente. El psicólogo me dijo que por parte de mi padre estaba a falta de cariño, así que siempre que decía algo bueno hacia mí no podía evitar que me gustase.
-Hola, papá.
-Hola cariño.- Simplemente dejo que me abrace. Sé que se siente culpable cada vez que me ve y en parte es porque yo le he hecho culpable de todo. Y mi madre, más.- ¿Qué tal estás?. Siento tanto lo de la boda, hija...Intenté llamarte pero no te localicé, todo lo que sé es gracias a tu hermano.- Wanda tose a su espalda y todos sabemos lo que quiere decir. Yo no tengo hermano, tengo hermanastros. Pero mi padre no repara en hacerla caso.
-Estoy bien, papá. Estoy bien, de verdad.
-Realmente, ha estado genial...- Todos la miramos y yo pido a todos los santos que se calle esa boca que tiene, pero no lo hace.- Tiene novio.
-No tiene novio.- Contesta Liam.- Deja el tema, Janet. No seas una niña.
-¡Liam!. Discúlpate con tu hermana.
-Eh, Janet lo siento. ¡Pero cierra esa bocaza!. Voy a comer algo.- Me rio cuando veo a mi padre intentando no soltar una carcajada. Aunque mi madre y yo intentemos negarlo, quiero a mi padre, supongo que con el tiempo mis padres y yo nos hemos ido dando cuenta de las cosas y yo prefiero pasar página a quedarme estancada en el odio y la rabia. No sé lo que le puede pasar el día de mañana y aunque no vaya a tener una relación muy cerrada con él, tampoco pienso odiarle de por vida.
Para Liam todo esto es fácil, generalmente hace lo que le da la gana y se pasa las órdenes y las broncas por el forro, desde niño era así y yo tonta de mí intentaba imitarlo, ahora que no me salía de rositas.
-Emily, ¿tienes hambre?.
-No, gracias.
-¡Eh, papá!. Tráela de los pelos si es necesario, no ha comido nada desde anoche.
-Vamos.- Me empuja levemente por la espalda hacia la cocina y hace que me siente en la mesa al lado de Liam.- Tengo una noticia que te va a gustar, Em.
-Ah, ¿sí?.- ¿Te vas a divorciar?.
-No se van a divorciar, así que ni lo pienses.- Me susurra Liam.
-Mañana tendremos visita.- Me sonríe. Saca la barra para cortar queso justo en el momento en el que Wanda entra por la puerta riendo con su hija como dos hienas.
-Oh, no cariño. No vas a cocinar. Ya tenemos a alguien que lo hace por nosotros.
-Lo sé, pero quiero hacerlo por mi hija.- Se gira hacia ella la guiña un ojo y ella le devuelve la sonrisa para después poner un gesto de rancia total.- Lo que te decía, Em. La nana vendrá a pasar la Navidad con nosotros.
-¡¿En serio?!.- Gritamos las tres que somos en la cocina. Madre e hija con distinto tono que el mío sin duda.
-Cariño...no me habías avisado sobre esta...alegre noticia.
-Era una sorpresa para todos. ¡Sorpresa!.
-Las Navidades mejoran por momentos.
Y por raro que pareciera, en serio que mejoraron. Liam me invitó a salir con sus amigos y pasamos muy buenos ratos con ellos, salimos a cenar con ellos y después a un bar a beber algo. El miércoles por la mañana me fui con mi padre a comprar algunos regalos para la noche de Navidad y he de reconocer que fue agradable.
-¿Qué tal estás en Londres?.- Me pregunto mientras miro perfumes para mamá.
-Mmm..bien. Cambié de trabajo, ahora estoy más cómoda. Ya sabes, nuevos aires.
-Eso está bien. ¿Vas a ir a ver a tu madre?.
-Sí, estaré allí hasta el treinta y uno.
-Bien...Esa le gusta mucho.- Me dice señalando el frasco que sostengo en las manos.
-Sí, creo que me la voy a llevar. Papá...¿alguna vez vas a querer a Wanda como quieres a mamá?.- Me sonríe un poco y mientras andamos hacia la caja me agarra por los hombros.
-Es complicado.
-Ya veo.
Esa tarde, mientras me preparaba para la cena con una blusa dorada y unos pantalones negros oigo la voz de mi abuela en la planta de abajo. Cual niña pequeña corro escaleras abajo, cuando justo en el ese momento Janet se pone en mi camino en los escalones y la empujo sin querer haciendo que caiga un par de escalones hacia abajo.
-Auch...
-Oh, lo siento Janet. ¿Por qué subes por donde yo bajo?.- Me agacho a ayudarla pero me aparta de un manotazo.- ¿Estás bien?. ¿Te duele algo?.- Me sonríe cinicamente, para luego gritar.
-¡Mamá!. ¡Ay, mamá, qué dolor!.
-Janet, no. Joder, levántate. Mierda, Janet no me hagas esto, levanta.- Su madre aparece por la puerta del salón y pone cara de preocupación exagerada cuando ve a su hija. Después pasa la vista hacia mí para poner morros de enfadada y reprocharme lo de siempre.
-¿La quieres matar?. Esta envidia tuya no es normal. Si no estas a gusto en esta casa, ¿por qué vienes?.
-¿Que ha ocurrido?.- Pregunta papá.
-Cariño, yo hago todo lo posible para que tu hija se sienta como en casa, pero no hay manera. Ha empujado a la niña...¡se podría haber roto la cadera!.- ¡Hala!...
-Seguro que ha sido sin querer. Estas escaleras son muy traicioneras...- Intenta calmarla mi padre. Pero a esa, viniendo de mí, no la calma ni un lexatin. Así que con muchas ganas de ver a mi abuela y ninguna de escuchar a esas hienas me escabullo de las escaleras y corro a la entrada.
-¡Abuela!.- La abrazo efusivamente.- Qué alegría que estés aquí. Te he echado mucho de menos.
-Cariño, déjame que te vea.- Me coge de las manos echándome hacia atrás y sonríe.- ¡Estás guapísima!. Pero tienes que comer más, estás muy delgada.
-Tú estás preciosa, abuela. Los años te sientan genial.
-Uy, hija. ¡No digas tonterías!. Las rodillas de están matando, me he tenido que apuntar a yoga.
-Eso te viene genial. Espera, te ayudo con la maleta. ¿Hasta cuando te quedas?.
-¿No te lo ha dicho tu padre?. Me voy contigo a ver a tu madre.
-¿Ah sí?. ¡Qué bien!. Seguro que se va a llevar una gran sorpresa. Ya verás, lo vamos a pasar genial.
-A ver si sacamos a tu madre de casa. ¡Qué mujer, está más anticuada que yo!.- Me río por su comentario. La verdad es que para los setenta años de mi abuela tiene casi más energía que yo.- ¿Dónde está este chico tan majo?.
-Liam, abuela. Ahora baja.
-¿Qué tal de novios?. Ese sin vergüenza no habrá tenido la decencia de volver.
-No, abuela. Estoy soltera.
-Uy, eso no hay quién se lo crea hombre...
La cena es una vergüenza, he pasado Navidades malas, pero esto llega a la locura. Madre e hija se pasan toda la cena hablando sobre la caída y lo guapas y divinas que son. Liam, a mi lado, suspira cada dos por tres. Las quiere mucho, pero no las aguanta. Y al final acabamos Liam, mi abuela, papá y yo hablando de lo que sea por no tener que escucharlas durante más tiempo. Mi abuela quiere mucho a mi padre, como su hijo que es, pero estuvo mucho tiempo sin hablarse con él, al menos dos años. Desde el divorcio de mis padres, ella se puso al lado de mi madre, a la que quiere como una hija, y la costó tiempo entender todo lo que ocurrió.
La mañana siguiente a las nueve de la mañana ya nos estamos poniendo en camino a casa de mi madre. Después de despedirme de mi padre prometiéndole que vendré a verlo y lo llamaré más de seguido y de Liam, a quien en pocos días le volveré a ver, pero siempre me da penita alejarme de él. Y bueno, a las hienas me las paso por alto porque tenían hora en la peluquería, que no sé por qué me da que lo han hecho aposta para cuando volvieran no tuvieran que vernos.
-Y tus primos precioso, Em. ¡No seas tan despegada y vente a casa algún día!.
-Abuela, os quiero mucho a todo. Pero no puedo soportar a toda la familia a la vez. Me pongo muy nerviosa, ya lo sabes.- Paro de hablar cuando veo que Harry me llama por teléfono. Esto es raro.
-¿Quién es ese Harry?.
-Una especie de...amigo, creo.
-¿Un novio?.
-No abuela.- Pongo el manos libres y contesto.- Dime Harry.
-Emily, no te asustes pero...Celia está en el hospital.

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